Se Adoran con Anormal Delirio....



Surge fácil, de este corazón

que late en soledad, de manos

que, con un rocío de lágrimas,

riegan el pulso de mis yemas.



Tiemblo, en esta fronteriza noche

de diciembre, sacudo mi alma

de la azucarada lluvia del dolor

y despabilo al nuevo alba

del año; con un racimo de doce

mieles brindo por esta velada.



Para que el llanto, al fin, separe

la cobarde pena de la roja sangre;

para que la miel de achicoria

se relama en todo labio de barro;

para que nuestro lucero del cielo

aclare todo el maldito sarro

que hereda la cima del mundo,

… sin violencia y sin hambre;



… tan sólo tres deseos míos; amor

tímido que inunde, con clamor,

el gran corazón de mi José; amor

humilde que ahogue, con fragor,

la vasta alma de mi familia; y amor

sutil que cuide de nuestro audaz color,

de ese lugar admirable y profundo

donde una sola Amapola y un lirio

se adoran con anormal delirio….


Una última miaja


Un amable esfuerzo para despedir el año, un trémulo untar de pluma, para dimanar unas últimas gotas de tinta y terminar esta felicitación de Navidad; agotando un tintero de sentimientos naturales.

Al principio cuesta, pero cuando el corazón se sincera con vosotros, o cuando se aflige al distinguir las penas que sienten los olvidados, esta pluma se acrecienta convirtiéndose en incontenible gotera, a la vez el tintero se colma transformándose en un rebosante canal de agua y al final, ambos, evolucionan extendiendo su torrencial lluvia de tinta que desborda riveras y anega, de sentimientos, las fecundas almas de los compañeros, los amigos y la familia.

Sé, que hay llanto de pobreza y grito de dolor por todos los países del mundo, incluso en los estados más prósperos el desconsuelo abarca incontables rincones. Pero hoy, la alegría debe de derretir los copos de los ojos. Sí, hoy, cuando las copas se alcen en brindis de amor y paz, han de llover temblorosas gotas de júbilo.

Feliz Navidad y Próspero Año 2.018






En mi interior se dilata vasto deseo.

Es debilidad inmensa, que se prende

como inusitada estrella y se extiende

entre vientos estelares. Es un trineo

de inefables tonos y estela iridiscente.



Se aviva ansioso latido, el tintineo

de un tímido corazón que deflagra

destello audaz. Echo mis palabras

de la memoria, el habla de mi pecho

al abismo escrito. Láudano desecho

en almirez, para servir paz en noche

hogareña. Un íntimo delirio, un celo

de amor y sueño, con perfil de versos.



Maniatadas y sobrada de fermentos

se arrían las letras de mis yemas.

Desvarían traviesas y bailan ávidas,

por gustar e ilusionar con poemas.



Desertan de este cofre ahíto de vida,

repleto de un apego tan intenso

que, por ti y con una sola chispa,

arde en ascuas, por ceder aliento

y diluirse en ululares por el oreo.

Un ruiseñor que trina a destiempo

y da, con estos presentes, dádivas

que amainan en ilusiones de niños.



Criatura ingenua e inquieta,

que pestañea y titilan estrellas,

que relame labios y tornasolan

sonrosadas auroras. Tanto irisa

su diablura, que simple rima

no es agasajo; costal hinchado

merece el angelillo inmaculado.



Qué, en sus almas de Peter Pan

no exista el tic-tac del caimán.

Sólo Reno cometa, que ensortije

sonrisa inmarchitable y cobije,

en la serena mar de su cuerpo,

ventiscas de intrépido pirata

en mansas aguas de ensueño.

Feliz navidad



Miramos el reloj y nos ponemos nerviosos,

apenas nos quedan unas horas para la cena

y aún apuramos la jornada con esta faena.

Un último cometido, quizás sea el más valioso,

el que en verdad nos distingue, un afectuoso

saludo para servir felicidad y desear serena

paz en esta velada hogareña de Nochebuena.



Hemos de retirarnos ya al calor familiar,

pero no nos marchamos, sin antes afirmar,

que todos constituís este entrañable hogar.

Así, cada incansable y adicto compañero

de trabajo de esta ingeniería energética,

alza bien su copa, para brindar y desear

con todos ustedes…, en esta noche mágica.



-Feliz Navidad y Próspero Año 2.018-

Una nueva amiga.


Hoy me han abierto una puerta de amistad.

Una puerta curiosa pues, su bonito nombre, el corrector ortográfico lo subraya en rojo...

Gracias.

Una lámina calca los ocres de los árboles



Una lámina calca los ocres de los árboles, una diadema fina y cristalina, que llena las aguas con añil celeste y dejo de caminar, pues la alameda me hace efecto. Por un instante, comienzo a ver a través de los ojos y presiento que algo se me escapa. Acaso son esos tonos o es el trinar de los pájaros, quizás sea el suave arrullo de las hojas o, tan sólo, el balsámico olor de la floresta; qué me he perdido o cuál es la virtud de desconexión que posee este lugar.

Mi mente yace agotada, acuso en mi adentro un tembladeral, una estridencia constante, que es un tanto más aguda cuando me echo sobre la cama. Me acobarda este desacorde interior, esta disonancia que sólo se calma cuando estoy contigo, al asentir el suave paso de tu melódica voz, al reafirmar la inagotable naturaleza de tan sublime donaire, al dar cuenta de que tus avellanados ventanales se entreabren, para alojar mi modesto destino en un rincón de la limpia e inabarcable fantasía que alumbra tu interior, para reclutar a este humilde poeta entre las indescifrables gozosas hojas de amor que ahítan tu corazón y, sonriendo simpáticamente y sintiendo insufribles pellizcos de curiosidad, al disipar toda la conmovedora orquesta de tus latidos, ese rebelde palpitar que irritan las incurables heridas de mi llana vida.

Crees, María, que debo de serenarme o, acaso, debo de proseguir hasta que mi alma detone en el interior de la confortable fronda que me reservas dentro de tu corazón. Prenderé, aun sea a base de rozar mis yemas sobre cientos de poemas, todos los perfumados inciensos que desvanecen a través de tu aliento. Sí, María, recolectaré los manojos de mi siembra, las gravillas de mis versos y los avivaré para que mi alma desfallezca cuando me concedas un primer beso.

Una pregunta


Una pregunta, que creo que es la que desenmudecerá mi lírica, es para esclarecer la insoportable e indeleble duda que me anula y me ciega. He de aldabear el helado postigo de tu pecho, pues he de entreabrir esa densa pared que me impide penetrar en ti y, por supuesto, a la vez he de condescender mis amurallados sentimientos, esta ternura que permanece enjaulada tras los barrotes de mi corazón.

Sí, tan sólo pretendo deshospedar toda la necia indecisión que nos envuelve y, a cambio, erigir una realidad cristalina, como las aguas de  los deshielos, tan natural como un árbol y de ensueño, como los colores de las flores o el arcoíris. Creo que sé cómo lograrlo, de verdad, si camino feliz o, al menos, muy vivo, con infinidad de amables gestos y con un sinfín de palabras llanas, e incluso, cuando me retire a mis silenciosos adentros, educando cada uno de mis pensamientos para ceñirme a tus brazos, para admirar tu cuerpo y para desleírme en los océanos de tu boca.

Además, también sé a qué he de rehuir, pues no me resigno a poseer una tumba en vida. No quiero que mi alma se colme de rutina, de irrespirable silencio cuando permanezca despierto y, aún menos, de sucios rumores que gangrenen mi sangre. La monotonía, el compás de un corazón grisáceo termina por dilapidar en vida los latidos del pecho. Hay que liberarlo para brinque por los cauces de tus labios, para precipitarlo a través de los abismos de tus ojos.

Sé, que amar es compartir savia viva, esta esencia que jamás se avieja, es juntar nuestras bocas en un álveo de saliva, es mezclar la cálida brisa de nuestro aliento y es, en sí, residir bajo la diurna avidez de tus risueños ojos.

Soñé que estabas adentro


Soñé que estabas adentro, que tus pies amasan mi cuerpo, mi vida interior. Más bien, me hacías sentir que era una marisma de inabarcables horizontes, una mar que se mantiene con las salinas lágrimas de la dicha; una vereda en la mismísima casualidad, que llega tan lejos y deslumbra tanto, como al hallar el vital oasis de una gran Mujer en medio del vasto desierto de mi vida; una estela en la inalcanzable bóveda del firmamento, un resplandor inagotable en la toga negra que recubre la Luna y hasta allá, estallar sólo para ti, Mujer, un nova súbita que se hincha con el sueños de entregar todo su resplandor para su ser, que irradia como un gran lucero, aun sea una estrella más en el infinito universo que engrandece tu mágico corazón.

Aunque mis ojos se cierren como ventanucos, tan intenso es este sueño que me elevo libre como una cometa sobre un jardín de flores eternas, un vergel de huesos oculto tras el manto de una piel nívea, inmaculada y fina….

Aunque mis ojos se cierren como ventanucos, tan intenso es este sueño que prosigo contigo, María.

Oliva





El Sol, su intensa luz y su eterno calor,

su agradable abrazo y su sofocante olor;

allá, desde lo alto reverdece este amor.




La Tierra, polvorienta y encarnada,

como un corazón de piel agrietada;

arada y abonada para bien amada.




La Lluvia, las lágrimas de un cielo

inconsolable que lastiman el suelo;

diamante al alba y dádivas de hielo.



La oliva, esa aceituna verdemar

que se va de su árbol para iniciar

un envidiable y delicioso soñar.



Cada chispa afrutada de aceite

te acerca el suave calor del Sol,

el tinto de la Tierra y un deleite

de Agua; de savia de mi amor.


El divino gourmet de la naturaleza



Elogio a ese divino gourmet de la naturaleza, pues ha logrado condensar tanto la nívea flor del almendro, el añil del éter y el cálido iris del Sol, como el insondable abismo de la noche, la toga de luceros del firmamento y la tímida carita de la desolada Luna. Sí, ha solidificado todos esos arrabales, que tanto he de albar, en una diminuta y blanca almendra.

La frondosa cabellera del árbol ameniza, este medio día, en mi humilde plato. Gracias, así es, gracias he de dar a esta pequeña semilla que aprecia el rubor de la aurora junto al morado velo que, poco a poco, se echa sobre todos los sueños. María, más que afortunado al poder cosechar todos esos claros del día, todo ese fabuloso montón de sueños que nos recoge en la noche y, sobre todo, al saber que una joya de Mujer cuida de esta fosforescente lírica que nace de un derroche incansable de latidos….

Hoy he comido pollo con salsa de almendras; por ello, esta simple alabanza a las almendras. Para mi amiga María. Besos.

A dar graznidos




Así que, a dar graznidos como un cisne nervioso, un modesto y sencillo patoso que pretende ser elegante. Espero, entre tanto, no toparme con un desalmado cazador. En verdad, lo que deseo es una cocinera del corazón, para que lo macere como ella sabe, tal como se le antoje, y para que también emplume toda mi alma, y así pueda volar por todos sus cielos. Quizás, mi corazón transparentado se aventure en una imposibilidad, pero seré testarudo, hasta que mis ojos se sequen como los de un abuelo que busca en la tierra la simiente de su hermosa Flor.



Me adormezco con la música y con esta claridad de amor. Así que si me das permiso, María, me retiro a soñar contigo, me echaré a tus pies…. Dulces sueños.

Tardíamente




Más vale tardíamente, que dejar que el sombrío jardín del silencio haga mellas en una relación.

¡Un escalofrío! Sí, Mujer, tu flechazo me ha provocado una opresión en mi pecho. Tú envías, con la yema de tu dedo corazón, un afilado flechazo y de repente, transfiguras dentro de mí una aurora milagrosa, un amanecer de vida fidedigna que aclara la pegajosa soledad que me anubla los días.

Así que, aun sea tardíamente, poso sobre esas rosadas orillas que detiene las olas del amor de tu boca, esta dulce miel en forma de poesía. Quizás, deshojando verso tras verso, llegue el día en el que sea la única abeja que naufraga por las cálidas orillas del aguamar de una Mujer.

Puede ser, que ya sea hora de dejar atrás este melancólico otoño que deshoja cada latido de mi corazón y, con un amor inabarcable, comenzar a cuidar una primavera floral. Revolotear cada día, como un picaflor alrededor de una sola flor. Así es, desde el Sol naciente hasta que den las horas del poniente y desde esta hora, cuando cae la tarde, hasta que me desvele al final de la madrugada; pensando en que no se sea tarde en mi corazón, Mujer.

Se disipa la niebla y se serena la noche



Se disipa la niebla y se serena la noche, las estrellas quedan comprimidas y la Luna y los luceros menguan hasta refinar al súmmum su radiante belleza. Sobre el horizonte se arbola encarnado plenilunio, mas, carente de calor se apoca en la profunda oscuridad del firmamento. Así, ni cede ni se para, siempre alerta y hambriento, henchido de soledad y, ahora, varado en la apacibilidad de tu formidable cuerpo.

Me creía firme y tenaz, capaz de enamorar con la audacia de un fuego volcánico. Pero, después de este lluvioso fin de semana, se esclarecen los cielos que recubren mi razón y ahora, las flaquezas me achican ante a la entereza de tan magnífica mujer. Nuevamente pienso en la oscuridad de la noche y me ensueño como una nebulosa que intenta cubrir el inabarcable universo de ese gran corazón. Desinflo toda mi sinceridad ante sus ojos, pues es tal la vivacidad que tengo enfrente, que presiento que soy una diminuta estrella en el insondable cosmos que hay tras el iris de tus ojos.

Imploro que el dolor no me devore y que las lágrimas no me ahoguen. Clamo al apetito del amor, a un anhelo infinito y, aun sea inexistente cometa, insisto en reproducir paisajes transcritos en mis versos. Creo, que son estampas de un amor indecible, son tentadores e inquebrantables poemas, que amilanan la deleznable voluntad humana y liberan tibias sensaciones de besos y tropicales emociones al derretirnos con el calor del Amor.

Me ganaré tu cocina





¿Me ganaré tu cocina?, María. ¿Te seduciré con mis merecidos y suaves guisos?. Quizás te hechice el nombre de un restaurante caro, con una cocina de alta estirpe y una bodega con los más refinados caldos. Pues, en virtud de que he de contentar todos tus sentidos, de que he de halagar el equilibrio de tu paladar, no me queda más remedio que visitar todos esos nobles restaurantes. Así, estudiando sus platos, lograré una armonía entre la gastronomía de fama y el fogón clásico.

Entre otras tantas delicadezas, como la música, el cine, el aroma y el color de las flores, los museos,…; el arte culinario debe de ser tan tentador que ha de causar embeleso en tu cielo palatino. No sólo el majar del domingo, sino el que te ofrezca durante la semana, debe de ser el afrutado beso de mis labios servidos en bandeja.

Un arroz de mil formas, natural, acaramelado o salado, en una cerámica caliente o en una fuente fría, con salsas que confieran tonos de pastel u hortalizas que enloquezcan su color cande con un arcoíris primaveral.

Así, cada día te prepararé mis recetas con aliño de corazón. Lo debo de mantener fresco y lleno de vida, para que sacies tu apetito e inundes tu pecho con agradables latidos.



Pienso en nuestra eminente cita, en invitarte a cenar a la Torre de Sande, donde aprenderé ese primer plato, el que te extraiga tu sonrisa. Yo, María, después te lo serviré en exclusivo, a tu gusto, bien picadito, sazonado con el justo corazón y durante toda mi vida. Te serviré tan escalofriante exquisitez que, de rico amor, te erizaré la piel.

Cae una rosa vehemente





Cae una rosa vehemente

por los vastos resquicios

del tamiz de mi mente,

se tornasola en rojo vicio

y se difunde con talante.



Me inmolo con un celoso sacrificio

de maniática sangre de amante

que se entibia con el ávido cante

de latidos de un corazón partido.



Desenfadado rebusco estribillo

que de amor inflija este lance.

Un ruiseñor de etéreos besos,

o la alevilla que lama la miel

floral de tus labios, los versos

que inundan tu cielo palatino,

ovillos de lírica sobre la piel

aireada de vello tan cristalino.



A veces, tan sólo algunas veces,

el desaliento redime desdenes

a deshoras de noche, vaivenes

de fatiga avezan unas obras

con un estúpido quiéreme,

con un hola o una maniobra

que inquiere simples imágenes

de la etapa final del viernes.



Mas, al amanecer, en mi cuerpo

se avienen chasquidos de fuego,

es el deseo de que me condenes

por loar todo lo que te ensueño.



Alegre y airado echo al vuelo

mi delicada pluma de amor.

Entonces, caligrafío el clamor

que se recrudece con un dolor

al límite de coger en el corazón.

Esperando y perseverando


Esperando y perseverando, aguardando un poco más de mi vida a que nazca el fulgor de una estrella, a que surja la claridad de la felicidad y, por fin, de esos renglones que me descubren tus dedos, nacen los bellísimos párrafos que humedecen mis ojos. Ya se derriten mis glaciales lágrimas con cada legión de letras y, con cada surco que escribes. María, tu cultivas, con tan exuberante sinceridad, todos estos los oasis que imaginan mis yemas.

Son las olas de tu pecho, las mismísimas mareas de pasión las que entresacan los irisados tonos de los corales, las silenciosas formas de las nebulosas y las balsámicas fragancias de las flores. Cuánta fantasía me describes, María, tanta que me envuelves entre unos velos que me aposentan entresueños y que me aleja de los extraños lugares de la rutina y la ansiedad.

María, yo tan sólo deseo dejar una estela inolvidable en esta vida, un estigma que, aun pase desapercibido para los demás, signifique una singularidad sobresaliente para nosotros dos. Encalar dibujos, esbozar líneas y combinar colores, aunque estos mueran entras las cegadoras sombras de nuestros pechos. Concebir paisajes de ficción, lugares ajenos y exóticos, lugares para los dos y para convivir felices entre los demás, con la familia y los amigos, espacios impecables adonde las olas de los océanos rompan contra los acantilados de la vida. María, Esos son los paisajes que tu reproduces, como murmullos de caracola, en mi pecho, Son en esos lugares donde están los latidos de la inabarcable mar que anega tu corazón y sólo son en esos espacios adonde irrumpen nuestros sentimientos contra los insondables precipicios de tantísimo amor.

Así, como un pañuelo de seda, he de volar por los inmarcesibles cielos de tu razón, tras los espejos de tus ojos y por los adentros de tu ser. He de buscar las desolladas hendiduras que ocasionaron los anteriores idilios, he de limpiar los restos de aquellas lágrimas y he de fertilizar tu enorme corazón con las palabras más ricas que jamás puedas soñar.








Me aquejo de ceñirme a este cuerpo


Me aquejo de ceñirme a este cuerpo y, es por ello, por lo que anhelo mis sueños. Así, mi espíritu, como si fuese una corriente, se dispersa a través del aire en forma de amor, consiguiendo alcanzar todas esas extensiones que deseo. Son mis vaporosas fantasías, ligeras ilusiones que resurgen de este corazón humano y que una y otra vez sobrepasan, sin menguar en cariño, los llanos de Cáceres, los arroyos del Salor y de Gribanzos, las Huertas de Magdalena y de Ánimas y, sin llegar a detenerse ni cesar de buscar, recoge los paños de esas dos consteladas cortinas que, desde Trujillo, deletrea mis sentimientos.

Soy un infatigable ruiseñor que revuela, tanto adormilado como despierto, por la diáfana frialdad que nos desmiembra el corazón; este es el único rumbo que venero. Voy hacia allá, a buscar la estrella que adoro, a por sus atrapados relámpagos y por su materializada e infinita flecha.

Mientras tanto, todo este corazón mío se sublima en halagos entre el oxígeno y el nitrógeno que ocupa el cielo, se deshace en etéreas adulaciones y, sin tomar una forma definida, extiende un huracán de amor que deshincha esta alma de poeta. Es esta inextinguible preocupación de que se desintegra mi efímero universo de versos sin lograr el amor de una mujer. Quién decide el sino de florecer en mí, quién me permite sentir su arcoíris, quién, sí, quién me deja cepillar su fino cabello, palpar la cálida sedosidad de su piel, apreciar el inimaginable abismo de sus ojos, la humedad sus labios, de sus hombros y de su vientre de vida; quién personifica su corazón en mi sueño de Amor….

Consumiré hasta la última chispa de mis esperanzas en que haya un día, que nuestros ojos y nuestros labios se estreguen al hechizo del Amor.

¡Qué bien me ha quedado!



¡Qué bien me ha quedado!, dorada y tupidita, y nada de especias, tal como me has aconsejado. La he dejado en la encimera de la cocina, para que se enfríe antes de guardarla en el frigorífico.

Pienso que, aunque sea un tedio la cocina, si la lleva a cabo con imaginación y la compartes como si fuese un juego, es sumamente entretenida, por no decir, ya que hablo de gastronomía, apetitosa o deliciosa. Me fascinaría aderezar tus pucheros, o ataviar la mesa en íntimas veladas. Sacaría cucharadas de vez en cuando, mientras se suaviza el aliño entre borboteos, lo entibiaría con suaves soplos y después te lo ofrecería; para que tus labios aseveraran cuánto he de sazonar tus manjares, cuál es la justa medida de sal.

Una y otra vez adornaría los platos. Un día me serviría de intensas tiras de pimientos rojos asados. Otras noches usaría motivos purpúreos y dulces, higos laminados en forma de corazón para acompañar a unos bistecs de secreto asado. Quizás, un día, me despierte sin apenas ganas y se nos antoje algo ligero, como un braseado de verduras y, en este caso, con qué matiz puedo avivar el plato. Te parece bien una mermelada hecha con nuestras manos, una jalea confitada con el amor de nuestros corazones. Sería placer pichar una patata braseada, untarla un pico en esa dulce jalea de cariño y tender la mano para que la orilla de tu boca accediera a probar mis besos a modo de manjar.


Mi nombre es María




Mi nombre es María y deseo me respondan con la misma seriedad que desearían ser correspondidos.

Quizás pierda nuestro tiempo;

… la gracia irrepetible de la vida.

Acepto, María, que un templo

verdadero acoges en la cabida

de tu pecho, ahí alojas ejemplos

que lastiman, esos que rehúyes;

mas, cuestiono, si tu primera cita

a mí me salpica. No es tormento

lo que yo acarreo, sino es soledad

que enraíza tenaz tan adentro

que pasan los años y presiento,

que se esfuma de este corazón

la ocasión de amar, … verdad

que esto sí es real sufrimiento.

Me gusta el mar, caminar descalza, la diversidad, Nessum Dorma, los animales, la música, el silencio, las personas cultas, educadas, sencillas y sinceras, la verdad, la lealtad, el sol, la luz, el cine clásico, los postres, los abrazos, el día, la vida, el amor, la familia, la risa, lo que no me gusta también lo sé, pero esto lo dejo para otro momento....quiero que este sitio sirva de medio para encontrar el hombre de mi vida, nada más.

Un amor pasado me decía

que en mí oía una caracola

de lejana mar, donde olas

caprichosas su piel lamían.

La arena, descalza, a solas,

tu latido ¡qué Nadie Duerma!,

Nessun Dorma, es fantástico

amor para dama que ensueña

entre tantos trinares mágicos,

recalo el aroma de mil flores

que riman con clara y risueña

luz de esos insondables colores

de tu iris, esas estrellas nuevas

que se aúpan tras tus parpados

abiertos, tan alegres e inocentes,

versos para ojos, de negro azabache

que arresta mi tiempo, mi edad…..

¿esto vale? ¿puede ser una oportunidad?

No perdamos el tiempo, ya tenemos una edad, tampoco las oportunidades, podrían no volver. ¡¡Gracias por leer y suerte!!

GRACIAS A TI, MARÍA….

Ya sabes, o al menos percibes, cómo ama este corazón….

Arden mis ganas de escribir



Arden mis ganas de escribir, una avidez irresistible de expresar pensamientos, un apetito decente, dulce y suave que se derrama sobre las hojas blancas de mi escritorio. Timbran mis latidos y el curso de la sangre fluye tempestuosamente hasta las balsas de papel. Un oasis con aguas de ensueño, que resbala risueña entre los retoños de color que cultivo en los insondables huertos del Corazón o que neciamente alegre desenfrena una duda, como “si has de velar por tu seguridad has de entender que una hermosa rosa puede lastimar que, aunque sus oloroso e ígneos pétalos merezcan respeto su tallo es tan engañoso que logra enojar”.

Mas, persisto en cultivar los huertos del pecho, pues quiero conseguir una rosaleda entibada con el Sol de los versos, abonada el heno húmedo del amanecer otoñal y oreada con una brisa que embelesa, que contiene el murmullo de las ramas y el oleaje del mar, que impele las velas de Sheherezade y mueve las aspas de los molinos de Cervantes. Me empeño como un campesino rústico que remite, con amor, todas sus semillas para la labranza del inabarcable corazón que ha de llenar de color purpura, del añil del lirio, de la encarnada intensidad de la amapola y de la nívea blancura del mirto.

El curso cristalino que desampara un beso que, por las acequias de los labios, baja hasta los prados del corazón. Efímeras gotas de amor que se desbordan de las lagunas de mi corazón y desembocan en la cristalina mar de una vida….




Asar castañas



Qué te parece si esta noche la pasamos sentados en una silla de bayuncos, atizando las incandescentes brasas que se consumen en la chimenea y, de vez en cuando, arrimamos a una cama de coloradas ascuas un puñado castañas y, también y si te apetece, una cabeza de dientes de ajos envuelta en papel de plata.

Quizás apague la luz, para que la penumbra quede como en aquellas lejanas noches de navidad que repaso de tarde en tarde en mi memoria, cuando las bombillas apenas alumbraban y las lenguas del fuego de la chimenea dibujaban la silueta de la familia en las hollinadas bóvedas de la cocina.

Ya son 48 años y a ver cuál de todos ellos fue más entrañable. Pudieran ser los venideros, los que aún me quedan por compartir con mi José y, quizás, contigo, Mujer. Sintiendo el amor que dedico al asar esas castañas y depositarlas con cariño y calentitas en tus blancas manos. Como comprenderás, tranquila puedes estar, pues yo las pelaré y las limpiaré, me quemaré como sin nada, como si estuviesen frías, y me tiznaré las yemas con la ceniza de las cáscaras; ya llevo demasiado tiempo soñando y no puedo obviar más días de mi vida.

Prepararé mis cumplidos, lo mejor posible, con una claridad desmedida y una elocuencia obligada o, mejor, debiese decir con una elocuencia forzosa…. Pues, es inexcusable pasar la vida sin entrever los sueños de ese corazón que me acompaña. Sí, he aprender de él, de sus latidos, todo lo que esté a mí alcance, para formar las expresiones más bellas, para proceder con entusiasmo y con delicadeza, para ser más que cortés y, cuando corresponda, para bromear inocentemente.

Mudaré mi forma de ser cada mañana, acicalaré el ambiente que nos rodea y, como si aún carecieras de amor, te enamoraré con una cuantía de habilidades aún son desconocidas por mí, es el hábito que cada día ha de adivinar mi párvulo corazón….




Gracias



Espero…, no, esa no es la palabra más adecuada. Mejor, como si fuésemos dos personas que cruzan sus primeras impresiones y evidencian, con absoluta sinceridad y algo de timidez, sus semejanzas.

- Buenas, Mujer, quieres pasear. Me encanta caminar…, andar con un paso sumamente tranquilo para que nos dé tiempo de hablar de cualquier anécdota. Así, cogemos la avenida de Cánovas y cruzamos Cáceres de punta a punta, o tomamos esa vereda tapizada de hojas otoñales y nos embriagamos del aroma de la hojarasca húmeda.

- Si bien lo deseas, nos podemos sentar bajo una encina y charlar de cuantos detalles ven tus ojos. Me encantaría que compartieras esas sensaciones conmigo. El verdemar de la dehesa, lo cómico son los pajarillos, o mi perro, Lunares, y la libertad con que esa liviana mariposa se mece a través del aire que nos envuelve.

- O, en el caso de que pienses que soy simple, te gustaría quedar algún fin de semana para vagar bajo los nogales del valle del Jerte. Yo, Mujer, haré los bocadillos, también guardaré una bolsa de frutos secos para que nos de energía y, por esta vez y algunas más como esta, también llevaré un frasco con algo de vino. Pues, cuando alcancemos alguna cima, me hipnotizaré con un pequeño brindis de que los dos lo hemos logrado; chocaremos nuestros dedales de vino tinto y te daré las gracias por haberme ayudado a lograr una meta más.

- Mas, no quiero ser egoísta, y si bien lo deseas, cogeré tus zapatos y los míos y arrugaremos la piel de nuestros pies hasta que se ponga el Sol en el horizonte del mar. Una playa infinita donde las olas rompan con cortesía a tus pies, Mujer.

- Pero, estate tranquila, que si llegas cansada a casa te serviré una cena ligera. Unos tomates de las vegas del Guadiana, uno cogollos de lechuga romana, unos tallos de brócoli, unos puerros muy tiernos, tan finos como un dedo, y aceite virgen de la variedad manzanilla, de la sierra de Gata. Discúlpame, pero no te puedo aliñar la ensalada ni con una pizca de sal ni con unas gotas de vinagre, si acaso, la aderezaré con zumo natural de limón, pues, he de conservar tu vitalidad hasta más allá de los límites de la vida…; eternamente bella.





Codificado



Bueno.

Tengo una miaja de tiempo para idear algo elocuente a través de este canal de comunicación. A mí, en particular, no me gusta codificar el cariño, sé que estoy algo "chapado a la antigua"; sí, me agrada muchísimo más el beso artesanal, el que hemos dado siempre...

Es evidente que las caricias que traspasan tus labios son tan hechiceras como la Luna llena, tan encantadoras como una vereda por un robledal otoñal, tan simpáticas como el alegre trinar que dedican los pajarillos en cada amanecer estival y tan adorables como la coloración de un campo en el mes de abril…. Además, siempre me sorprende ese torrente cristalino, cálido y copioso que nace del mismísimo hontanar de tu dulce boca.

Así es, tontamente navego en frente a esta pantalla, con esta pálida codificación de luz, y opino que puedo lograr la curiosidad de algún corazón. Qué se le va a hacer…, en fin…, sencillamente soy un romántico que quizás no pertenece en esta década…; pudiera ser, que en esta frenética vida la pasión sólo es un recuerdo en un horizonte confuso o, a lo mejor, la faz serena de una mujer enamorada o de un hombre embelesado ya no está “moda”.

Me da lo mismo, prefiero desmayarme con mis sinceros versos. Sí, me encanta languidecer mis ojos en la ternura de mis inútiles sueños. … ahora bien, aunque creas que mis días son deliciosos en realidad la apatía de tu corazón es la saqueadora de mi amor, … la indiferencia es la ladrona del placer de mi corazón; yo, tan sólo lo doy todo….

Toda palabra de amor tiene una raíz


Toda palabra de amor tiene una raíz, y no es una raíz de origen latino, ni de habla inglesa. En verdad, esa raíz viene de dos entes, surge de un tú, Mujer, y un simple yo.

Es raíz dadora de vida esencial; así es, de lo más fundamental de la vida, de una importancia vital... es dadora del Amor.... Acaso todo lo que nos rodea no adquiere un color diferente cuando se personifica con una pizca de corazón, acaso lo verdaderamente importante no es ese empeño que ponemos en nuestra relación de pareja o en el cariño que damos a nuestros hijos...

Toda palabra, Mujer, tiene raíz... y esta arbitraria palabra mía la he sembrado y ya ha enraizado en el hermoso huerto de tu delicado Corazón.

Estas palabras están más que bien


Estas palabras están más que bien, pues así se comienza, desbordando la sinceridad contenida. Se ensaya un atrevimiento, esa ofrecida voz del corazón que surge como un murmullo y que, al cabo de unos días, se torna en canto esplendoroso, en un canto de colores alegres de flores primaverales. Una pintura que renace de la mismísima alma retenida o, en tu caso, en un retrato de esos que sólo tus ojos consiguen estampar.

Respondes con ese hermoso viso que sabe atesorar tan maravillosa mujer, con ese carácter que ya reconoces “-que es como la fe-, se tiene o no se tiene” Sí, tú, Mujer, perfectamente sabes que, aceptar esa angustia, es el primer movimiento que se hace, para cerras las puertas que quedaron atrás, y para entrar en nuevo trecho de satisfacción. Ya, fueron suficientes las íntimas lágrimas derramadas y, también, basta que sólo sean lágrimas de dolor. Ahora sí, e insisto, ahora sí han de caer brillantes lágrimas de tus ojos y sólo han de ser de risas, hontanares alegres de tu colosal corazón que se fortalece de forma primaveral en el interior de tu inabarcable pecho….

Mujer, por favor, sé cómo tu bien sabes ser…,

He de decirte, que me encanta temblar de emoción cuando te escribo y que deseo que mi corazón resuene desquiciado en el interior de mi pecho; ese cercano día que paseemos juntos…

Un Peón abolido a una esquina del tablero.





Podría decir que ha llovido desde aquella tarde estival, mas no es el caso en estas áridas tierras de Extremadura, tan sólo durante una mañana han caído unas escasas gotas. Yo prosigo aquí, como un peón de paso indeciso, una humilde ficha que se mueve por el ajedrez de la vida, que meditabundo salta de recuadro blanco a recuadro negro, que agota su paciencia en la séptima casilla de la semana y que, a priori, se ubica cada lunes en la segunda fila para el desafío de otra mano. Este es mi oponente, la terca rutina de cada jornada o la redundancia diaria; este hastío desbarata toda mi estrategia e incluso llega a agostar mi limitada osadía.

Pese a que siempre ande entre las mimas fichas y aunque sea un peón más entre otros tantos de rivales, constantemente encaramo mis cejas deseando conmover, con un ademán decisivo, a la Dama del tablero. Trato de pasar desapercibido, pero, por otro lado, procuro ser un peón atento y sensible, mas, sobre todo, no pretendo rayar el pulido tablero con una conducta impasible, o con una táctica que reabsorba toda libertad de movimiento. Como el hábil aprendiz que me considero, tan sólo deseo atraer, con mi singular estilo, la atención de una marfileña Reina.

Es evidente la claridad de mis movimientos, la entereza de las yemas de mis dedos y es, por ello, por lo que cada vez que posiciono mi peón ajedrecista aluzo, a sabidas cuentas, de que con mi corazón rindo el amparo más noble: Un Jaque de Amor, que es el único lance que se tienes que hacer valer en el tablero de esta vida.

Así es, una alegría que rompe con lágrimas de hilaridad, una amistad de naturaleza fraternal, un cariño ilimitado, una lealtad que se suma como latido al corazón…. No engendrar rivalidad alguna, sino equilibrar esta vida, a veces blanca y en ocasiones negra, en íntimas tablas de pasión.

Mas he de reiterar de que soy Peón, y es por ello, por lo que huyo acobardado si una torre, o un apuesto alfil con distinguido caballo, coquetea con la Dama elegida. Un Peón abolido a una esquina del tablero.

Trascurre esta particular verbena



Año tras año trascurre esta particular verbena y siento, cada jornada, que esta primavera se termina y el inevitable verano agosta mi ser. Quizás este perseverante tic-tac es el que me somete a soñar sin parpadear, mientras corren las horas sin sentir la flecha de una agradable compañía. Tengo sed, sí, he de reconocer que es tal la deshidratación por la falta de pasión, que apuro hasta la última gota de mi sangre.

Este apetito se aloja a las afueras de mi cuerpo y, con un evidente insomnio, me esfuerzo en madurar una armonía con argot febril, una tierna corriente que asalte la fuente tu boca, pero sin llegarla a rozar; por ello la sequedad se agrava en la hondura de mi corazón.

Detengo el reloj y voy con presteza a rendir florecientes caricias. Tan sólo quiero soltar el rumor de mi corazón, necesito que ceda la tensión de mis labios y que la abundancia de tu boca, tras cerrar mis ojos, se dedique a calmar mi sequía de amor….

Cuanta cantinela exige una melodía o cuanto rumor le falta



Cuanta cantinela exige una melodía o cuanto rumor le falta, para que se propague etéreamente por la atmósfera. Es tan necesaria la armonía de una pieza musical, esa vaporosa consonancia que se difunde libre a través del aire y que, sin dejar rastro alguno en el ambiente, se adhiere al alma como un trinar de ruiseñores o un susurro de brisa que acaricia el deshojado abanico de unas ramas otoñales. Así se pronuncia el piano, el violín o la guitarra y así vibra la cuerda vocal del cantor, como si fuese un alba luminosa, se alza desde el exaltado corazón del solista. Nada, nunca nada, se extiende entre la gente con un estilo tan agradable y ocasiona al unísono tanto deleite.

Cuantas flores requiere un ramo o cuanto colorido pide, para que transmita al alma de una Mujer este exceso de amor que conduce mi razón hacia la locura. El liviano aroma de los brotes de una gavilla de florecillas, su evanescente agrado, que enajena el entorno y se adhiere a tu sedosa piel como el lozano aroma de un jardín al borde del mar. Exhibe el lirio su intenso añil de cielo limpio, revela la amapola su rubí tallado de aurora inmaculada o trasluce el trébol su verdemar con el relente que cae en silencio tras la oscuridad. Quizás, sí quizás haya visos tan seductores como las abigarradas flores de la primavera; de ellas, Mujer, entresacaré un florilegio de luz para acomodar el arcoíris junto tu pecho y escogeré la flor más exuberante para dedicarte mi temblorosa declaración de amor.

Cuantos versos he de rimar para atildar un poema que apacigüe cualquier posible incertidumbre en tu armonioso y colorido pecho. Mi lírica, este hilo musical que te deseo de dedicar, ha de sacar los latidos de tu corazón hasta la sedosa linde de tu piel. Sí, como floresta primaveral, tu corazón se ha desbordar por tu piel, un estallido de calor y de frío a flor de tu fina piel….

Cálidos hontanares de saliva



Un singular viajero que, por seducir tan risueña forma de ser, vadeará los enternecimientos que inundan tu boca; esos cálidos hontanares de saliva que nacen en la mismísima cumbre de tu razón. Sí, un aventurero obcecado en un único cielo palatino, un pretendiente que agotará todas sus formas por desplegar un inabarcable y sedoso velamen, un blanco velaje bordado y ribeteado con millares de detalles; con humildes e interminables poemas. Así es, seré el más apasionado filibustero, tan loco e inquieto amante que, por lograr como obsequio tu alegre miramiento, me embarcaré en la fantástica hazaña de desplegar toda una lírica romántica, todo un épico enamorar para lograr rebasar los inconquistables horizontes del insondable piélago que ocultas en tu hermoso pecho. Mujer, sólo para ti recrearé un firmamento idílico que asaltará mimosamente los destellos de luz que colman tus ojos.

Quizás, por un instante, me descarríe bajo aguazales de anubarrados celajes. Mas sé, que después de toda eventualidad amaina una claridad de hechizo en el fondo del éter y que, por fin, a partir de ese preciso momento tu semblante angelical me sonreirá con una ilusión que se litografía perenne en el cielo más limpio que jamás disfrutado. Es, a partir de ese exacto tris, cuando la delicadeza quiebra la fría escarcha con duraderos besos, cuando se funden nuestros labios en apasionadas noches de amor, cuando la cristalina saliva recubre con azogue tu juguetona lengua y es pues, cuando la satisfacción de estos finos versos, avienen a retoñar infinitos latidos en el magnífico corazón de Mujer.

Cada mañana una fantástica aurora de amor




Sabes que, durante esta larga fila de irrepetibles días, voy hurgando tu pecho con una retahíla de sentimientos que imagino que son hermosos para ti. Así es, esta delicadeza me surge a raudales y es evidente que ya no libraré día alguno, no habrá vacaciones que detengan estas letras con las que pretendo llenar las infinitas hojas de tu corazón.

Pienso en el papel que he de representar en la función de mi vida, y veo que queda tanto por escribir…. Paseos interminables, “alpargatazos” por las calles de Cáceres, por las sendas de la Montaña y por la sierra de Gredos, los Valles de Jerte, de la Vera o de Ambroz…. Un amor transcrito en evidente lienzo, la lisura de tu frágil papiro se descifrará con millares íntimos latidos, pasión que nace en tu exclusivo pecho.

Constantemente te escribiré con este apasionamiento. Sí, a todas horas iniciaré similar galanteo, un inimitable propósito de enamorarte por la mañana, por la tarde y cada noche. Con este modal tan sencillo intentaré mantener en forma la naturaleza de tu cariñoso corazón; así, para tus poemas escogeré el número adecuado de versos, para tus ramos entresacaré el número adecuado de flores, para tu cuero no bastará con mi tímida caricia, sino habré de atemperar mis manos y mis labios antes de asentir tu sedosa piel y para tus labios, ¡Oooooh, para tus tibios labios! elevaré mi confianza para que las brisas de mis declaraciones de amor estimulen las mareas que se agitan en los mares de tu boca….

Nadie comprenderá esta loca pasión, ni siquiera yo, pues cada nuevo día renovaré mis ademanes como si fuesen fantásticas auroras de amor. Una asombrosa querencia, un amor admirable y leal; todo mi afecto para el corazón de una gran Mujer.

Ingresar al reino de tu cuerpo




He de ingresar al reino de tu cuerpo,

procederé con altísima minuciosidad

a través de las vidrieras de tu cielo.



Refinaré miles de ringleras poéticas,

una ternura que deshoja mi frenética

alegría a merced de toda la dialéctica

que me reclama tu gentil personalidad.



Me alzaré como el vaho de un ensueño

para sahumar todo ese paraíso resuelto

que da origen a este abanico de versos.



Así mantendré la floresta de tu pecho

y tu latido retoñará vergel de amor,

una brújula que se revelará en clamor

de lirios y de amapolas, un gran lecho

de color para pulir en tus labios pétalos

de cristal y en tu ambarino iris sépalos

que den miel de abeja; dulcísimo hecho

de que tu corazón es paraíso seductor,

un marmoleo palacio de colosal valor

donde, por favor, deja poner un techo

donde cobijar todos mis leales anhelos.