Respondes con ese hermoso viso que sabe atesorar tan maravillosa mujer, con ese carácter que ya reconoces “-que es como la fe-, se tiene o no se tiene” Sí, tú, Mujer, perfectamente sabes que, aceptar esa angustia, es el primer movimiento que se hace, para cerras las puertas que quedaron atrás, y para entrar en nuevo trecho de satisfacción. Ya, fueron suficientes las íntimas lágrimas derramadas y, también, basta que sólo sean lágrimas de dolor. Ahora sí, e insisto, ahora sí han de caer brillantes lágrimas de tus ojos y sólo han de ser de risas, hontanares alegres de tu colosal corazón que se fortalece de forma primaveral en el interior de tu inabarcable pecho….
Mujer, por favor, sé cómo tu bien sabes ser…,
He de decirte, que me encanta temblar de emoción cuando te escribo y que deseo que mi corazón resuene desquiciado en el interior de mi pecho; ese cercano día que paseemos juntos…

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