Corregir los colores del amanecer


Gracias madre



Ella puede hacer que los gorriones y las alevillas
se desperdiguen bajo mis endebles rodillas,
… puede encaramar su canto a través del aire
y hacer que las hojas de los árboles bailen
a tenor de la claridad que regala su mejilla.

Ella puede labrar cientos de anillos en la niebla,
… puede hilar vestidos blancos en las níveas
cimas de las montañas y atildar a una princesa,
con el relente y los copos de sus manos siervas.

Ella puede salvar mi dolor con blandura ígnea,
… puede ser párvulo camión de bombero
que sofoca incendio con beso aventurero,
… puede ser afable noche en mi espalda,
que abre la luz y sosiega todo mi miedo.

Ella es misteriosa, pues todo lo puede dar,
incluso abandonar sus recónditos sueños
por enardecer los latidos de sus pequeños.
Ella, puede …, mas sólo vive para amar.

Ella, mi Madre, aun siendo mágica mujer,
… puede sufrir y su mirada entristecer
y puede tener cicatrices que no sanan.
Aun así, me lleva en el abismo de su alma,
en la gruta de sus más inocentes palabras.

Ella, lo es todo para mí, es, en sí, mi mundo.
Así que, me obligo a tallar adamantina
jaula de versos, una bóveda de luz latente,
para desleír en sus finos y amapolados
labios, cada latido cristalino y vagabundo
de este corazón, que se ha elaborado
a partir de un haz de vida en su vientre.