Caprichosa imagen


Sí, claro, me lo has comentado hace tiempo y, además, vi una fotografía en la que estabas en Castro Urdiales. Una estampa que, sinceramente, daba envidia, las barcas deportivas, el cielo despejado y de un azul intenso que se calcaba en las tranquilas aguas del puerto. Así la sonrisa que tenías; … te hablaría muchísimas más cosas de esa imagen pero….

En cuanto a reconocer las montañas, me inclino a pensar que están alrededor del valle de Potes. Es el perfil de la cima la que me lleva a esa caprichosa imagen que aún conservo en mi cabeza. En algunas ocasiones, en eso parajes de la comarca de Liébana, me he echado la mochila a la espalda, me cubierto la cabeza con un pañuelo y sin tener un rumbo fijo, he comenzado a caminar hacia ninguna parte, recabando recuerdos y disipando las tensiones del año.

Amaneceres polícromos, de valles esmeralda y cortinas encarnadas que se alzan tras las montañas; o librando siestas sobre la hierba, cuando el Sol gana todo su poderío, a la sombra de recios troncos como los que salen en tu fotografía o al caer la noche, cuando el firmamento enmudece la alegría de los alrededores y nos ahogamos en el silencio de las estrellas, añorando la belleza de las constelaciones de Casiopea y la Lira, de la brillante Vega y la magnitud inconcebible de la galaxia de Andrómeda….

Nos ponemos lindos.




Nos ponemos

de lo lindos,

con nada menos

que un opíparo

tazón de ardiente

crema de chocolate

que nos arrebate

el gélido relente.



Más un buñuelo

de los madrileños,

esos crujientes,

que nos llene

bien el vientre



Así pariríamos

coloretes pícaros,

sin nada esfuerzo

un gustillo cardíaco.



O mejor un tente

pie de algo frugal,

pero no elegíaco,

sino bien diferente.



Embeber placeres

cálidos de cristal,

de cárabe natural,

que sean fuentes

con los que libar

amapolados labios.



Ribera de ébano

al Sol, un océano

fino al óleo virgen,

un pellizco enano

de verde orégano

y raspar un diente

hasta el tuétano.



Ensalivo el palatino

templo del corazón,

adonde sólo entra

al azar el destino.

Perdura largo aguijón

en las olas de la lengua,

hasta que salta el amor

en una caricia…

… que aún no imagino.