Vocecillas



Debes de darle las gracias a Alai, por comunicarse conmigo en sueños. Por dejar ese sendero, aún corto, que se entrecruza con mi camino durante la noche.

He intentado reordenar las semillitas que Alai echó durante mis frecuentes desvelos, para que agarrasen en el sustrato de mi corazón y al amanecer floreciesen en una merecida felicitación para su madre.

Creo que, aun dormido, la he oído bien; y la seguiré escuchado con prolija atención. Son vocecillas en el remoto lugar que compartimos cuando tenemos los ojos cerrados, cuando el mundo calla y los sueños vuelan como susurros entre las estrellas, conversaciones a corazón abierto.

Feliz día de la Madre


En los pocos pasos que aún he dado, en cada ingenua decisión que he tomado, siempre encuentro el barrunto de tus consejos y el eco de unos latidos incondicionales. Todavía no he aprendido suficientes palabras para agradecer todo lo que estás haciendo por mí, pero, mamá, te aseguro que desde que me levantas hasta que me devuelves a mis felices sueños, el mejor regalo que me haces es tu deslumbrante sonrisa.

Hoy quiero decirte, con mi escaso vocabulario, cuanto te quiero, recordándote que eres lo primero en mi vida, incluso cuando estoy en la guardería te veo a mi lado. Eres el fertilizante en mis ganas de jugar, el único abrigo que calma mis sustos y la voz que me guía en mi camino.

Siempre, en mí, un reflejo de tu amor, … mamá.

Alai

La Encina



Imperiosa, recia, bañada en luz,

aromatizada con cantueso y jara,

con livianos labios de amapola,

y lenguas deshilachadas de lirio.

Engalanada con un aura azul

de cielo y alabada en algazara

entre trinos de una multitud

de entusiasmados fringílidos.



Camino con limpia actitud,

calado por la lluvia, como Tú,

vistiendo una camisa delgada

que no me resguarda del frío.

Aun así, jugueteo con el alma

de mi hermosísima Dama,

sin discernir, Cariño, si duermo

o tan sólo reposo en hondo sueño

a la sombra de sus bellos pies.



La primavera se abre con brío

de vida, en un cortinaje de mes

florido, en la amplia almajara

de dehesa que estalla con salud,

rebosando amor, en un fuego

extenso de color, en despintada

tableta llena de matices pastel

y de visos vivos, más trémulos

aleteos de mariposas blancas.




Preciosa, es esta frágil herida

en niño, hilvanada a hierro.

Sí, así es, inocente e ingenuo,

pues cada noche en plenitud

me ilusiono con tu bienquerer

o me carcomo por mi pretender;

negativo velado que encierro

en mi pecho. Bellas estampas

al caer tarde, por largas guardas

al titilar la noche, sin prisa.

Mas, ahora me turba un trueno

de duda que retumba a destiempo;

…, mi obsesión me sigue hiriendo.


Te quiero, Esposa mía, mi Amor, mi Vida

Tan sólo, y para siempre, tu marido, un siervo a dulcísimos Pies.