Asar castañas



Qué te parece si esta noche la pasamos sentados en una silla de bayuncos, atizando las incandescentes brasas que se consumen en la chimenea y, de vez en cuando, arrimamos a una cama de coloradas ascuas un puñado castañas y, también y si te apetece, una cabeza de dientes de ajos envuelta en papel de plata.

Quizás apague la luz, para que la penumbra quede como en aquellas lejanas noches de navidad que repaso de tarde en tarde en mi memoria, cuando las bombillas apenas alumbraban y las lenguas del fuego de la chimenea dibujaban la silueta de la familia en las hollinadas bóvedas de la cocina.

Ya son 48 años y a ver cuál de todos ellos fue más entrañable. Pudieran ser los venideros, los que aún me quedan por compartir con mi José y, quizás, contigo, Mujer. Sintiendo el amor que dedico al asar esas castañas y depositarlas con cariño y calentitas en tus blancas manos. Como comprenderás, tranquila puedes estar, pues yo las pelaré y las limpiaré, me quemaré como sin nada, como si estuviesen frías, y me tiznaré las yemas con la ceniza de las cáscaras; ya llevo demasiado tiempo soñando y no puedo obviar más días de mi vida.

Prepararé mis cumplidos, lo mejor posible, con una claridad desmedida y una elocuencia obligada o, mejor, debiese decir con una elocuencia forzosa…. Pues, es inexcusable pasar la vida sin entrever los sueños de ese corazón que me acompaña. Sí, he aprender de él, de sus latidos, todo lo que esté a mí alcance, para formar las expresiones más bellas, para proceder con entusiasmo y con delicadeza, para ser más que cortés y, cuando corresponda, para bromear inocentemente.

Mudaré mi forma de ser cada mañana, acicalaré el ambiente que nos rodea y, como si aún carecieras de amor, te enamoraré con una cuantía de habilidades aún son desconocidas por mí, es el hábito que cada día ha de adivinar mi párvulo corazón….




Gracias



Espero…, no, esa no es la palabra más adecuada. Mejor, como si fuésemos dos personas que cruzan sus primeras impresiones y evidencian, con absoluta sinceridad y algo de timidez, sus semejanzas.

- Buenas, Mujer, quieres pasear. Me encanta caminar…, andar con un paso sumamente tranquilo para que nos dé tiempo de hablar de cualquier anécdota. Así, cogemos la avenida de Cánovas y cruzamos Cáceres de punta a punta, o tomamos esa vereda tapizada de hojas otoñales y nos embriagamos del aroma de la hojarasca húmeda.

- Si bien lo deseas, nos podemos sentar bajo una encina y charlar de cuantos detalles ven tus ojos. Me encantaría que compartieras esas sensaciones conmigo. El verdemar de la dehesa, lo cómico son los pajarillos, o mi perro, Lunares, y la libertad con que esa liviana mariposa se mece a través del aire que nos envuelve.

- O, en el caso de que pienses que soy simple, te gustaría quedar algún fin de semana para vagar bajo los nogales del valle del Jerte. Yo, Mujer, haré los bocadillos, también guardaré una bolsa de frutos secos para que nos de energía y, por esta vez y algunas más como esta, también llevaré un frasco con algo de vino. Pues, cuando alcancemos alguna cima, me hipnotizaré con un pequeño brindis de que los dos lo hemos logrado; chocaremos nuestros dedales de vino tinto y te daré las gracias por haberme ayudado a lograr una meta más.

- Mas, no quiero ser egoísta, y si bien lo deseas, cogeré tus zapatos y los míos y arrugaremos la piel de nuestros pies hasta que se ponga el Sol en el horizonte del mar. Una playa infinita donde las olas rompan con cortesía a tus pies, Mujer.

- Pero, estate tranquila, que si llegas cansada a casa te serviré una cena ligera. Unos tomates de las vegas del Guadiana, uno cogollos de lechuga romana, unos tallos de brócoli, unos puerros muy tiernos, tan finos como un dedo, y aceite virgen de la variedad manzanilla, de la sierra de Gata. Discúlpame, pero no te puedo aliñar la ensalada ni con una pizca de sal ni con unas gotas de vinagre, si acaso, la aderezaré con zumo natural de limón, pues, he de conservar tu vitalidad hasta más allá de los límites de la vida…; eternamente bella.





Codificado



Bueno.

Tengo una miaja de tiempo para idear algo elocuente a través de este canal de comunicación. A mí, en particular, no me gusta codificar el cariño, sé que estoy algo "chapado a la antigua"; sí, me agrada muchísimo más el beso artesanal, el que hemos dado siempre...

Es evidente que las caricias que traspasan tus labios son tan hechiceras como la Luna llena, tan encantadoras como una vereda por un robledal otoñal, tan simpáticas como el alegre trinar que dedican los pajarillos en cada amanecer estival y tan adorables como la coloración de un campo en el mes de abril…. Además, siempre me sorprende ese torrente cristalino, cálido y copioso que nace del mismísimo hontanar de tu dulce boca.

Así es, tontamente navego en frente a esta pantalla, con esta pálida codificación de luz, y opino que puedo lograr la curiosidad de algún corazón. Qué se le va a hacer…, en fin…, sencillamente soy un romántico que quizás no pertenece en esta década…; pudiera ser, que en esta frenética vida la pasión sólo es un recuerdo en un horizonte confuso o, a lo mejor, la faz serena de una mujer enamorada o de un hombre embelesado ya no está “moda”.

Me da lo mismo, prefiero desmayarme con mis sinceros versos. Sí, me encanta languidecer mis ojos en la ternura de mis inútiles sueños. … ahora bien, aunque creas que mis días son deliciosos en realidad la apatía de tu corazón es la saqueadora de mi amor, … la indiferencia es la ladrona del placer de mi corazón; yo, tan sólo lo doy todo….

Toda palabra de amor tiene una raíz


Toda palabra de amor tiene una raíz, y no es una raíz de origen latino, ni de habla inglesa. En verdad, esa raíz viene de dos entes, surge de un tú, Mujer, y un simple yo.

Es raíz dadora de vida esencial; así es, de lo más fundamental de la vida, de una importancia vital... es dadora del Amor.... Acaso todo lo que nos rodea no adquiere un color diferente cuando se personifica con una pizca de corazón, acaso lo verdaderamente importante no es ese empeño que ponemos en nuestra relación de pareja o en el cariño que damos a nuestros hijos...

Toda palabra, Mujer, tiene raíz... y esta arbitraria palabra mía la he sembrado y ya ha enraizado en el hermoso huerto de tu delicado Corazón.

Estas palabras están más que bien


Estas palabras están más que bien, pues así se comienza, desbordando la sinceridad contenida. Se ensaya un atrevimiento, esa ofrecida voz del corazón que surge como un murmullo y que, al cabo de unos días, se torna en canto esplendoroso, en un canto de colores alegres de flores primaverales. Una pintura que renace de la mismísima alma retenida o, en tu caso, en un retrato de esos que sólo tus ojos consiguen estampar.

Respondes con ese hermoso viso que sabe atesorar tan maravillosa mujer, con ese carácter que ya reconoces “-que es como la fe-, se tiene o no se tiene” Sí, tú, Mujer, perfectamente sabes que, aceptar esa angustia, es el primer movimiento que se hace, para cerras las puertas que quedaron atrás, y para entrar en nuevo trecho de satisfacción. Ya, fueron suficientes las íntimas lágrimas derramadas y, también, basta que sólo sean lágrimas de dolor. Ahora sí, e insisto, ahora sí han de caer brillantes lágrimas de tus ojos y sólo han de ser de risas, hontanares alegres de tu colosal corazón que se fortalece de forma primaveral en el interior de tu inabarcable pecho….

Mujer, por favor, sé cómo tu bien sabes ser…,

He de decirte, que me encanta temblar de emoción cuando te escribo y que deseo que mi corazón resuene desquiciado en el interior de mi pecho; ese cercano día que paseemos juntos…

Un Peón abolido a una esquina del tablero.





Podría decir que ha llovido desde aquella tarde estival, mas no es el caso en estas áridas tierras de Extremadura, tan sólo durante una mañana han caído unas escasas gotas. Yo prosigo aquí, como un peón de paso indeciso, una humilde ficha que se mueve por el ajedrez de la vida, que meditabundo salta de recuadro blanco a recuadro negro, que agota su paciencia en la séptima casilla de la semana y que, a priori, se ubica cada lunes en la segunda fila para el desafío de otra mano. Este es mi oponente, la terca rutina de cada jornada o la redundancia diaria; este hastío desbarata toda mi estrategia e incluso llega a agostar mi limitada osadía.

Pese a que siempre ande entre las mimas fichas y aunque sea un peón más entre otros tantos de rivales, constantemente encaramo mis cejas deseando conmover, con un ademán decisivo, a la Dama del tablero. Trato de pasar desapercibido, pero, por otro lado, procuro ser un peón atento y sensible, mas, sobre todo, no pretendo rayar el pulido tablero con una conducta impasible, o con una táctica que reabsorba toda libertad de movimiento. Como el hábil aprendiz que me considero, tan sólo deseo atraer, con mi singular estilo, la atención de una marfileña Reina.

Es evidente la claridad de mis movimientos, la entereza de las yemas de mis dedos y es, por ello, por lo que cada vez que posiciono mi peón ajedrecista aluzo, a sabidas cuentas, de que con mi corazón rindo el amparo más noble: Un Jaque de Amor, que es el único lance que se tienes que hacer valer en el tablero de esta vida.

Así es, una alegría que rompe con lágrimas de hilaridad, una amistad de naturaleza fraternal, un cariño ilimitado, una lealtad que se suma como latido al corazón…. No engendrar rivalidad alguna, sino equilibrar esta vida, a veces blanca y en ocasiones negra, en íntimas tablas de pasión.

Mas he de reiterar de que soy Peón, y es por ello, por lo que huyo acobardado si una torre, o un apuesto alfil con distinguido caballo, coquetea con la Dama elegida. Un Peón abolido a una esquina del tablero.

Trascurre esta particular verbena



Año tras año trascurre esta particular verbena y siento, cada jornada, que esta primavera se termina y el inevitable verano agosta mi ser. Quizás este perseverante tic-tac es el que me somete a soñar sin parpadear, mientras corren las horas sin sentir la flecha de una agradable compañía. Tengo sed, sí, he de reconocer que es tal la deshidratación por la falta de pasión, que apuro hasta la última gota de mi sangre.

Este apetito se aloja a las afueras de mi cuerpo y, con un evidente insomnio, me esfuerzo en madurar una armonía con argot febril, una tierna corriente que asalte la fuente tu boca, pero sin llegarla a rozar; por ello la sequedad se agrava en la hondura de mi corazón.

Detengo el reloj y voy con presteza a rendir florecientes caricias. Tan sólo quiero soltar el rumor de mi corazón, necesito que ceda la tensión de mis labios y que la abundancia de tu boca, tras cerrar mis ojos, se dedique a calmar mi sequía de amor….

Cuanta cantinela exige una melodía o cuanto rumor le falta



Cuanta cantinela exige una melodía o cuanto rumor le falta, para que se propague etéreamente por la atmósfera. Es tan necesaria la armonía de una pieza musical, esa vaporosa consonancia que se difunde libre a través del aire y que, sin dejar rastro alguno en el ambiente, se adhiere al alma como un trinar de ruiseñores o un susurro de brisa que acaricia el deshojado abanico de unas ramas otoñales. Así se pronuncia el piano, el violín o la guitarra y así vibra la cuerda vocal del cantor, como si fuese un alba luminosa, se alza desde el exaltado corazón del solista. Nada, nunca nada, se extiende entre la gente con un estilo tan agradable y ocasiona al unísono tanto deleite.

Cuantas flores requiere un ramo o cuanto colorido pide, para que transmita al alma de una Mujer este exceso de amor que conduce mi razón hacia la locura. El liviano aroma de los brotes de una gavilla de florecillas, su evanescente agrado, que enajena el entorno y se adhiere a tu sedosa piel como el lozano aroma de un jardín al borde del mar. Exhibe el lirio su intenso añil de cielo limpio, revela la amapola su rubí tallado de aurora inmaculada o trasluce el trébol su verdemar con el relente que cae en silencio tras la oscuridad. Quizás, sí quizás haya visos tan seductores como las abigarradas flores de la primavera; de ellas, Mujer, entresacaré un florilegio de luz para acomodar el arcoíris junto tu pecho y escogeré la flor más exuberante para dedicarte mi temblorosa declaración de amor.

Cuantos versos he de rimar para atildar un poema que apacigüe cualquier posible incertidumbre en tu armonioso y colorido pecho. Mi lírica, este hilo musical que te deseo de dedicar, ha de sacar los latidos de tu corazón hasta la sedosa linde de tu piel. Sí, como floresta primaveral, tu corazón se ha desbordar por tu piel, un estallido de calor y de frío a flor de tu fina piel….

Cálidos hontanares de saliva



Un singular viajero que, por seducir tan risueña forma de ser, vadeará los enternecimientos que inundan tu boca; esos cálidos hontanares de saliva que nacen en la mismísima cumbre de tu razón. Sí, un aventurero obcecado en un único cielo palatino, un pretendiente que agotará todas sus formas por desplegar un inabarcable y sedoso velamen, un blanco velaje bordado y ribeteado con millares de detalles; con humildes e interminables poemas. Así es, seré el más apasionado filibustero, tan loco e inquieto amante que, por lograr como obsequio tu alegre miramiento, me embarcaré en la fantástica hazaña de desplegar toda una lírica romántica, todo un épico enamorar para lograr rebasar los inconquistables horizontes del insondable piélago que ocultas en tu hermoso pecho. Mujer, sólo para ti recrearé un firmamento idílico que asaltará mimosamente los destellos de luz que colman tus ojos.

Quizás, por un instante, me descarríe bajo aguazales de anubarrados celajes. Mas sé, que después de toda eventualidad amaina una claridad de hechizo en el fondo del éter y que, por fin, a partir de ese preciso momento tu semblante angelical me sonreirá con una ilusión que se litografía perenne en el cielo más limpio que jamás disfrutado. Es, a partir de ese exacto tris, cuando la delicadeza quiebra la fría escarcha con duraderos besos, cuando se funden nuestros labios en apasionadas noches de amor, cuando la cristalina saliva recubre con azogue tu juguetona lengua y es pues, cuando la satisfacción de estos finos versos, avienen a retoñar infinitos latidos en el magnífico corazón de Mujer.

Cada mañana una fantástica aurora de amor




Sabes que, durante esta larga fila de irrepetibles días, voy hurgando tu pecho con una retahíla de sentimientos que imagino que son hermosos para ti. Así es, esta delicadeza me surge a raudales y es evidente que ya no libraré día alguno, no habrá vacaciones que detengan estas letras con las que pretendo llenar las infinitas hojas de tu corazón.

Pienso en el papel que he de representar en la función de mi vida, y veo que queda tanto por escribir…. Paseos interminables, “alpargatazos” por las calles de Cáceres, por las sendas de la Montaña y por la sierra de Gredos, los Valles de Jerte, de la Vera o de Ambroz…. Un amor transcrito en evidente lienzo, la lisura de tu frágil papiro se descifrará con millares íntimos latidos, pasión que nace en tu exclusivo pecho.

Constantemente te escribiré con este apasionamiento. Sí, a todas horas iniciaré similar galanteo, un inimitable propósito de enamorarte por la mañana, por la tarde y cada noche. Con este modal tan sencillo intentaré mantener en forma la naturaleza de tu cariñoso corazón; así, para tus poemas escogeré el número adecuado de versos, para tus ramos entresacaré el número adecuado de flores, para tu cuero no bastará con mi tímida caricia, sino habré de atemperar mis manos y mis labios antes de asentir tu sedosa piel y para tus labios, ¡Oooooh, para tus tibios labios! elevaré mi confianza para que las brisas de mis declaraciones de amor estimulen las mareas que se agitan en los mares de tu boca….

Nadie comprenderá esta loca pasión, ni siquiera yo, pues cada nuevo día renovaré mis ademanes como si fuesen fantásticas auroras de amor. Una asombrosa querencia, un amor admirable y leal; todo mi afecto para el corazón de una gran Mujer.

Ingresar al reino de tu cuerpo




He de ingresar al reino de tu cuerpo,

procederé con altísima minuciosidad

a través de las vidrieras de tu cielo.



Refinaré miles de ringleras poéticas,

una ternura que deshoja mi frenética

alegría a merced de toda la dialéctica

que me reclama tu gentil personalidad.



Me alzaré como el vaho de un ensueño

para sahumar todo ese paraíso resuelto

que da origen a este abanico de versos.



Así mantendré la floresta de tu pecho

y tu latido retoñará vergel de amor,

una brújula que se revelará en clamor

de lirios y de amapolas, un gran lecho

de color para pulir en tus labios pétalos

de cristal y en tu ambarino iris sépalos

que den miel de abeja; dulcísimo hecho

de que tu corazón es paraíso seductor,

un marmoleo palacio de colosal valor

donde, por favor, deja poner un techo

donde cobijar todos mis leales anhelos.

Deprisa al desayuno.




Voy deprisa a la cocina, os voy a preparar el desayuno, que se me ha hecho tarde y tenemos que salir a pasear.

-¿Queréis tostadas?.

Sí, unas rebanadas finas de pan tierno hechas fuego lento. Para que se doren por dentro y quede muy crujientes.

-¿Qué queréis echar en el pan?.

-¿Preferís mermelada de gruños o de fresas?.

Os pondré las dos confituras en un plato y lo que sobre se lo servimos a Chencho; que relama su plato con placer.

Creo que con seis o siete rebanadas está bien, tres para ti y cuatro para Pablo.

-O mejor, ¿o apetece con aceite y azúcar?. Sí, el aceite que a ti te gusta. También puedo machar un tomate natural y carnoso, con algo de orégano y no sé si os agrada un dientecito de ajo. Os lo pongo en un plato aparte y así, si os apetece, lo refregáis por el pan tostado.

-Café, ¿no?.

Sí, de la marca Delta o Camello, el café que siempre se ha bebido en Extremadura, que empezó entrando con el contrabando. Bien molido, que el polvo quede fino para que suelte todo su aroma.

-¿Os lo endulzo con miel?.

Sí, creo que la esencia de las flores vendrá mejor a ese museo blanco que escondes tras tu blusa, a esa terraza de placer y calor donde recostaría mi mejilla y dormiría eternamente. Gozando de la suavidad de tu piel desnuda, deleitándome con el latido de tu corazón y soñando que soy el aire de tu lenta respiración, que soy esa agraciada molécula de oxígeno que se puede adentrar por tu boca, que tiene la virtud de henchir tu inabarcable pecho y de acariciar tu íntima piel…, ¡Oooooh!.

Para él y para ti, sí, para que se defendáis vuestros cuerpecillos del cansancio, del metálico quehacer del día… Convidaros con el abrazo de un buen desayuno que disipe toda sombra de fatiga y os ponga las pilas. Así, mi amor, desplegaréis alas de avión y callejearéis por todas las arterias de Cáceres; y pasearéis por todos los callejones de mi corazón.


Entre el pasto frágil



Entre el pasto frágil y dorado que tapiza las vegas del Salor y reviste el encinar. Un atuendo de reyes que engalana el campo con un manto de oro que da envidia a la cegadora intensidad del Sol o acaso, cuando es una colcha cenicienta que se desdobla aterida y taciturna bajo las sombras de la noche, es un lienzo lujoso de plata que nos invita a peregrinar bajo el tesón de una Luna perlada.

Copio el donaire de las golondrinas, calco el balanceo de las hojas y, cerrando los pardos vanos de mi ser, fantaseo con ser una alevilla que revolotea entre joyas de la broza que se agosta dorada tras el desenlace estival. Durante las noches reposo entre unas pompas que flotan como intensos sueños y ahí, en ese caprichoso firmamento, me consuelo con el vehemente cielo que se entreabre detrás de tus ambarinos ojos.

Me encantaría asistir cada uno de los rincones de tu corazón, desplegar alas de papel y volar sin parar por todas esas pensativas palabras que has de camuflar tras las orillas de tus labios. Ser un halcón primilla que cruce el palatino cielo de tu boca, que se apresure a planear sobre las olas que rompen con sed de amar los dulces acantilados de tu lengua. Un cernícalo ido que chamusca su viva pluma con la fúlgida luz de tus ojos, que culmina en exaltación al oír tus sinceras palabras, al escuchar el latido que impone tu corazón de madre.

Con cada palabra que dicta mi corazón pretendo agitar más consternación, pues he de entregar un cariño tan puro que a tu pecho le faltará el aire y precisará besar una y otra vez mi boca para poder respirar….

Aliño de brotes de cilantro y de fresca hierba buena




Me embozo con un aliño de brotes de cilantro y de fresca hierba buena, con un caldo de amor elaborado a partir de un enorme corazón, con la blanca harina de la nieve derretida de mis ojos y con una fina película de cristalinas escamas fijadas entre millares de besos. El adobo interior será como la de un alma sin piel, tan sólo una lámina diáfana e irrompible de alocado afecto que refrenará todos los renglones que atesoro y que poco a poco te ansío entregar.


El relleno de esta vendimia de letras, de esos íntimos renglones con los que quiero caligrafiar y adornar la impalpable superficie de tu dulce pecho, será amasada entre las mieles de una pasión que ha de descomponer tu corazón en incontables latidos de euforia. Un umbral singular y tierno para depositar las viandas más intensas, nuestros tiernos manjares desleídos entre caricias de placer y, en todos los anocheceres, el insomne deambular entre semillas de rimas y etéreos versos, entre florestas de líricas para elaborar los sumisos poemas con los que te pretendo enamorar, o bien cautivos de esta prosa que deseo desplegar por toda tu vida, un firmamento incomprensible y ciego por la fantasía de un bienquerer, repletos de los luceros de un Amor Único....

¿Caro ese aceite?





¿Caro ese aceite?, ese frugal zumo de manzanilla de Jacoliva no es ruinoso. Lo exorbitante en valor, o que no tiene precio, es el propósito de servir, día tras día, el desayuno al pie de tu cama… Así, cada mañana, descorrer las cortinas para que el propio Sol sienta el claror que emana tu mejilla, para que la calle se ilumine con la auténtica aurora de tu cabello castaño y con el amanecer que surge de tus profundas pupilas. ¡¡¡Esto!!!, esto sí que es oneroso, no tiene precio….

El aceite de manzanilla es uno más de los tantísimos detalles que mereces. Cada segundo del día, y durante toda una vida, hemos de rebuscar actitudes, por no decir aspavientos de cuantísimos gestos de cariño mereces. Tan simples como abrirte las puertas y cederte el paso a todos esos lugares que no entrañan ningún riesgo, e incluso asentir a que accedas a cada uno de los rincones de mi diminuto corazón…. Tan sencillos como servirte primero, tanto el agua, el refresco o el vino, como las viandas cocinadas con condimentos de amor, o las carnes, o los pescados braseados con mimo para que estén en el preciso punto de tu deleitable paladar; sí, con el conciso sabor que ha de seducir el inmenso cielo de tu boca…. Tan evidentes como besar y calzar tus blancos y dulces pies al despabilar cada mañana, como cubrir tus finos hombros con la sedosa delicadeza de mi amor, con telas de satén… Tan humilde como entibiar tu lado de la cama antes de que te retires a dormir, como atemperar la íntima prenda que roza tu piel, de llenar la bañera con agua tibia, espumosa y perfumada con sales de baño y pétalos de rosas….

Lo prohibitivo, lo verdaderamente caro, es que el corto tiempo de la vida, y permíteme cierta osadía, el miramiento que tu inabarcable corazón merece, trascurra sin la adecuada atención…. Dedicarme a la diamantina alegría de tus ojos, gozar del áurico esplendor de tu mejilla y rendirme al sabor tus labios rubíes y marfilada sonrisa; son tantos los halagos de amor que mereces. … esto, esto sí que es verdaderamente Valioso.

Cena



Pues tendré que preparar la cena y tú, Lola, si no estás cansada, ¿me ayudarás?, gracias. Así, mientras los árboles dejan sus otoñales hojas en el suelo, entretanto el granado desangra su roja granada y a sabiendas de que el membrillo madura su fruto para confitar el anhelante paladar de tu tierna boca; prepararemos juntos la cena.

Tú, por favor, e insisto, si no estás cansada, prepararás los boletus. Deja que la cristalina agua del grifo corra a través de tus finísimos dedos, que fluya hasta que salga limpia y después lamina las setas de forma muy fina. Yo, mientras tanto, cortaré tacos de jamón muy pequeños, así, recién picados, que queden tiernos para que se deshagan en la boca. También majaré unos dientes de ajo y los batiré con unos huevos de corral crudo. Una pizca de sal, un pellizco de orégano y un vaso de fino de Jerez.

Salteo zumo virgen extra de manzanilla del norte de Cáceres en un bol de barro y lo pongo en el horno a una temperatura suave. Remuevo mientras se rehoga, para que no se pegue y se dore adecuadamente. De cuando en cuando un poco de fino de Jerez para los boletus y un sorbo para lustrar tus labios. Cuando apenas quede caldo agregamos el ajo majado y los huevos batidos y movemos durante los últimos minutos.

Ya está, y sé que el pisto queda exquisito, que es adecuado para provocar un estallido de sabores.... Así que, esta suculenta y sabrosa ánima está lista para deleitar los cielos de las bocas de ese ángel de 17 y el señor de 21 años…

Lo que sobre, el resto del pisto, y después de disfrutar y reír tú y yo a solas, con el Jerez y con una película que te guste, obsequiaremos a Chencho con una buena cena… para que duerma tranquilo a los pies de la cama….

Una conducta



Con una conducta impensada que se rinde muda ante tus ojos, pues surge a través de mis dedos, te suelto esta imprudente voz que declara los latidos de mi corazón y que resbala en forma de cálida lava a través de las yemas de mis dedos. Me trasciende este apetito de escribirte rosaledas empapadas con el relente de la noche y también, al amanecer, me emana la ávida mansedumbre de dadivar caricias para retirar los cabellos que cubren la blanca piel de tu rostro, para colmar de mimos tu limpia mejilla y, como si tus labios hubiesen sufrido daño después de una serena noche sin beber, para humedecer tu boca con la respetable esencia de unas letras escritas con delicadeza; desvelarte el exquisito tic-tac de este corazón, el pulso del bienquerer.

Un vaso colmado de diáfana lluvia del cielo, un vaso que rebosa olas de cariño, un mar de amor que se modera en una copa de cristal para ser derramada por una sola boca…, en el inabarcable océano de tu corazón. Tan sólo, con este diluvio de amor, deseo mantener el deslumbrar de tu mirada y el rayo de ese Sol que puede romper mi corazón.

Termino con un sencillo hasta mañana, con un insignificante matiz de que, en este remoto pecho, guardo una única espiga, un solo grano de trigo para cultivarlo bajo la intensa luz de tu vida.

Silla de cojín deformado



Voy a pasar la noche sobre esta silla de cojín deformado. Casi toda la noche tecleando, por un lado, este sincero texto y, por otro lado, el fatigoso papeleo, la cansina traba de la burocracia.

Mejor, aquí, sobre este papel, obvio lo último y me ensimismo con lo sincero, con lo más limpio. Es similar a pintar tus sillas, es como quedar la mente en blanco y mover las manos a lo largo de los palos, del respaldo y de los travesaños… Untas una pincelada en la lata y la estiras sobre la superficie de la madera, una primera mano que, como su fuese sobre una tabla natural que se la embebe entera, y otra segunda mano más para aluciar los listones de la silla como si fuesen limpios espejos.

Tú legitimas ese arte, bruñes este espejo en las tablas de la silla. Yo, destapando mi corazón, ahí es donde debo de untar las palabras que he de escribir. Correspondo gemelamente, tu silla es como esta afición mía de caligrafiar mi forma de ser sobre el papel. Procuro hacerlo lo mejor posible, siendo a la vez austero y desenfrenado o, mejor expresado, honesto y libertino. Para trasfigurar con tal estilo esta lírica he de asemejarme a tu silla, que tan bien pintada modela el tono de la madera como una figura de porcelana.

Bueno,… me he de retirar a dormir, que ya es tarde….

¿Verdad que es bonito convivir contigo?. Aun sea, por aquí y a través de palabras.

Muchas Gracias y Besos….

Nunca he creído en los fantasmas




Nunca he creído en los fantasmas. A veces me irrumpe el extraño presentimiento, de que la invención de las ánimas es la mayor bola que la humanidad ha creado y mantenido a lo largo de la historia. En otras ocasiones, y tras estudiar un poco ciencia, veo que todo es tan complejo que recapacito y afirmo que sí, que puede existir algo. En fin, bien al lado de la fe o bien en su opuesto, el de la ciencia, la ignorancia es tan grande que los ladrones de la razón se aprovechan y nos roban nuestro valioso tiempo.

Natilicio de pasión



Bajo el tenue declive de la claridad

del plenilunio, en la sutil oscuridad

de pubs de los antiguos intramuros,

de juderías, morerías y de arrabales

insolentes del corazón de la ciudad.



Una hebra sedosa tras lenticulares,

un ademán osado, bello y claroscuro,

propio de una lejanía o de una edad

pitusa que no anda a la caza del cuerpo,

sino busca cariño que prenda un ensueño

recibido con limpio deleite de sentimiento.



Así, renace a flor de piel tan risueño

aliento, al afirmar ¡Qué guapa estás!.

Así, con la virtud de hombro desnudo,

con la insondable mirada de loca doncella

ávida de amor, de atrevido seno adulto

y de flequillo recién ondulado; mi sedicioso

deseo, trenzarme entre los brazos de ella,

con la infinita y romántica musicalidad,

dos torsos asidos en cumplidos hermosos.




Cubierto por el leve velo de la luz de la Luna

y ebrio de tu ribera de lágrimas derretidas,

caligrafío, en cada una de las íntimas esquinas

de este árido pecho, un desequilibrio de rimas

para cultivar un empíreo que junte lagunas

con tréboles de arcoíris; así te lanzo mi espina

de lluvia mortal para irrigar la piel de la vida

con la suerte de asentir un canto de amor,

para enarbolar sino de júbilo en tu corazón.



Me obsesionaré en consagrar

esta singular forma de amar.

Una oleada lírica, un candor

delirante para un solo corazón.

Mi hermana me propuso jugar a los asesinos


-Mi hermana me propuso jugar a los asesinos-, aún recuerdo la expresión de su mejilla y el ruego de sus palabras. Pensé que ese semblante sortearía mi piel como una fiebre efímera, mas no fue así y a fuego se grabó sin compasión en mi hondo sentir de hermano; una mácula perenne.

Ella, más mayor que yo, se reía siempre y me gritaba: -¡corre Forrest, corre…!-. Otras veces se condolía con las lágrimas que resbalan por la ventana y me aseguraba que era Jenny.

En su temprana pubertad cambió de carácter, tanto que Papa la gritaba: ¡-te ha adoctrinado un terrorista-¡…. Ella no le soportaba, siempre le rehuía e incluso, me atrevía a asegurar, que odiaba su cariñosa mano.

Hoy, que ya marchó en paz, reconozco aquel pesar de mi Jenny y tengo pesadillas. Supongo que hubo una noche oscura en la que la lóbrega envolvente del progenitor cubrió su cuerpecillo….

Cuando el profesor se queda corto que hacer se vanagloria



Describe, de forma muy entrañable, esos clásicos griegos y latinos y, en concreto, ese libro que añora desde hace medio siglo.

También evoca a un profesor sabio y paciente, a la profesora de bellas grebas, ¿metálicas?, y a un hermano marista. Piensa en aquel amigo que abarloa junto a naves negras, un profesor que nos advierte de que -la juventud actual ya no tiene ni la más remota idea de lo que es la cultura clásica-; la noche negra nos rodea con su envolvente sombra.

Después de tan buena introducción, de elegir tan elocuentes palabras y de delinear impecablemente un horizonte en el piélago de la mar helénica, en el ponto de la Ilíada, lo destroza todo con su cabal objetividad. Supongo que este escritor posee plúmbeos pies y que éstos están bien hundidos en el “Seudo Moderno” firme de la actualidad; con el D. Pesoe y D. Pepé. Un simple redactor que no idealiza dioses homéricos, que no nos revelará ni una hidalga aventura ni una odisea y que, tan sólo, regurgitará frases bien entrecomilladas.



Supongo que un joven en la era helénicas soñaba con las epopeyas de Ulises y en la época medieval con las aventuras Cid Campeador o, quizás, con la gazuza por esas migas que caen del Lazarillo de Tormes.

En la actualidad, con lo que ha avanzado la ciencia y con la desproporcionada tecnología que abarca todos los rincones del mundo, dónde vamos a soñar. Ya logran películas tan reales que no hace falta descubrir otros mundos, los hemos conquistado con la Guerra de las Galaxias, y no hace falta buscar paisajes fantásticos, están ahí, en el Señor de los Anillos. En fin, tendremos que estudiar las ciencias, para botar esa nave que se introduzca en el agujero de gusanos y salve al mundo de su propio exterminio, Interestelar.