Quizás apague la luz, para que la penumbra quede como en aquellas lejanas noches de navidad que repaso de tarde en tarde en mi memoria, cuando las bombillas apenas alumbraban y las lenguas del fuego de la chimenea dibujaban la silueta de la familia en las hollinadas bóvedas de la cocina.
Ya son 48 años y a ver cuál de todos ellos fue más entrañable. Pudieran ser los venideros, los que aún me quedan por compartir con mi José y, quizás, contigo, Mujer. Sintiendo el amor que dedico al asar esas castañas y depositarlas con cariño y calentitas en tus blancas manos. Como comprenderás, tranquila puedes estar, pues yo las pelaré y las limpiaré, me quemaré como sin nada, como si estuviesen frías, y me tiznaré las yemas con la ceniza de las cáscaras; ya llevo demasiado tiempo soñando y no puedo obviar más días de mi vida.
Prepararé mis cumplidos, lo mejor posible, con una claridad desmedida y una elocuencia obligada o, mejor, debiese decir con una elocuencia forzosa…. Pues, es inexcusable pasar la vida sin entrever los sueños de ese corazón que me acompaña. Sí, he aprender de él, de sus latidos, todo lo que esté a mí alcance, para formar las expresiones más bellas, para proceder con entusiasmo y con delicadeza, para ser más que cortés y, cuando corresponda, para bromear inocentemente.
Mudaré mi forma de ser cada mañana, acicalaré el ambiente que nos rodea y, como si aún carecieras de amor, te enamoraré con una cuantía de habilidades aún son desconocidas por mí, es el hábito que cada día ha de adivinar mi párvulo corazón….


- Buenas, Mujer, quieres pasear. Me encanta caminar…, andar con un paso sumamente tranquilo para que nos dé tiempo de hablar de cualquier anécdota. Así, cogemos la avenida de Cánovas y cruzamos Cáceres de punta a punta, o tomamos esa vereda tapizada de hojas otoñales y nos embriagamos del aroma de la hojarasca húmeda.
















