Con una conducta impensada que se rinde muda ante tus ojos, pues surge a través de mis dedos, te suelto esta imprudente voz que declara los latidos de mi corazón y que resbala en forma de cálida lava a través de las yemas de mis dedos. Me trasciende este apetito de escribirte rosaledas empapadas con el relente de la noche y también, al amanecer, me emana la ávida mansedumbre de dadivar caricias para retirar los cabellos que cubren la blanca piel de tu rostro, para colmar de mimos tu limpia mejilla y, como si tus labios hubiesen sufrido daño después de una serena noche sin beber, para humedecer tu boca con la respetable esencia de unas letras escritas con delicadeza; desvelarte el exquisito tic-tac de este corazón, el pulso del bienquerer.
Un vaso colmado de diáfana lluvia del cielo, un vaso que rebosa olas de cariño, un mar de amor que se modera en una copa de cristal para ser derramada por una sola boca…, en el inabarcable océano de tu corazón. Tan sólo, con este diluvio de amor, deseo mantener el deslumbrar de tu mirada y el rayo de ese Sol que puede romper mi corazón.
Termino con un sencillo hasta mañana, con un insignificante matiz de que, en este remoto pecho, guardo una única espiga, un solo grano de trigo para cultivarlo bajo la intensa luz de tu vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario