Nunca he creído en los fantasmas. A veces me irrumpe el extraño presentimiento, de que la invención de las ánimas es la mayor bola que la humanidad ha creado y mantenido a lo largo de la historia. En otras ocasiones, y tras estudiar un poco ciencia, veo que todo es tan complejo que recapacito y afirmo que sí, que puede existir algo. En fin, bien al lado de la fe o bien en su opuesto, el de la ciencia, la ignorancia es tan grande que los ladrones de la razón se aprovechan y nos roban nuestro valioso tiempo.
Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
Nunca he creído en los fantasmas
Nunca he creído en los fantasmas. A veces me irrumpe el extraño presentimiento, de que la invención de las ánimas es la mayor bola que la humanidad ha creado y mantenido a lo largo de la historia. En otras ocasiones, y tras estudiar un poco ciencia, veo que todo es tan complejo que recapacito y afirmo que sí, que puede existir algo. En fin, bien al lado de la fe o bien en su opuesto, el de la ciencia, la ignorancia es tan grande que los ladrones de la razón se aprovechan y nos roban nuestro valioso tiempo.
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