Aliño de brotes de cilantro y de fresca hierba buena




Me embozo con un aliño de brotes de cilantro y de fresca hierba buena, con un caldo de amor elaborado a partir de un enorme corazón, con la blanca harina de la nieve derretida de mis ojos y con una fina película de cristalinas escamas fijadas entre millares de besos. El adobo interior será como la de un alma sin piel, tan sólo una lámina diáfana e irrompible de alocado afecto que refrenará todos los renglones que atesoro y que poco a poco te ansío entregar.


El relleno de esta vendimia de letras, de esos íntimos renglones con los que quiero caligrafiar y adornar la impalpable superficie de tu dulce pecho, será amasada entre las mieles de una pasión que ha de descomponer tu corazón en incontables latidos de euforia. Un umbral singular y tierno para depositar las viandas más intensas, nuestros tiernos manjares desleídos entre caricias de placer y, en todos los anocheceres, el insomne deambular entre semillas de rimas y etéreos versos, entre florestas de líricas para elaborar los sumisos poemas con los que te pretendo enamorar, o bien cautivos de esta prosa que deseo desplegar por toda tu vida, un firmamento incomprensible y ciego por la fantasía de un bienquerer, repletos de los luceros de un Amor Único....

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