Albear sus ánimas

 



Avanzan por una vida sin vuelta atrás,

andan vacías e ignoradas y, cuantimás

días de su relación recorren, aún más

menospreciadas y desamparadas están.



Es la escasez de ilusiones básicas,

es por esa voracidad idiosincrásica

que han cursado desde su lactancia;

las impuestas disciplinas clásicas.



Cuánto más sencillo sería la realidad,

tomar sólo los sentires sin arrogancia

ideológica, tan sólo el talante natural.



Esos murmullos que engendran lástima,

la audacia del Sol que viste de claridad

y al fin el amor que albea sus ánimas.

Poemas del orbe

 


     Sé que la gente ve mi vida como deprimente, sé que se explayan con la vulgar frase de “de que la vida es para disfrutarla” y que de ese modo tan sencillo dan solución a su monótona forma de vivir. Mas no se dan cuenta de que yo no padezco pobreza, sino todo lo contrario, me regocijo con el aluvión de riquezas que me entrega la Tierra y que me ayudan a completar mis poemas de amor. Sí, los insignificantes y campechanos regalos de la naturaleza son mi inspiración. Así me entretengo deshojando la hierba de los pradales o la hiedra de las piedras, para coquetear con el corazón de nuestra madre Tierra; me deleito descubriendo la camaradería de los álamos y la paciencia de los cedros, acaso porque enraízan en su enorme corazón; o me ruborizo con las miradas de los gorriatos, los jilgueros o los pinzones, esos que conformándose con minúsculas semillas, mantienen hermosos su plumajes y nos agradan con sus espectaculares trinos; o me alborozo con el ímpetu de las aguas, bien cuando se precipitan sobre los cristales de mi casa, bien cuando recubren de alhajas los campos o bien cuando resbalan abriendo regatos por la parda piel mi madre, haciendo sus propios caminos. Incluso el más mínimo detalle tilda mis sentidos, así la etérea partícula de polvo que fulge como estrellas al trasluz o la ingrávida estrella en la noche que brilla como partícula de polvo en el insondable vacío del firmamento, todo el contenido del orbe me ayuda, todo me vale para encadenar mis versos. Bien sea para hacer rimas cruzadas o alternas, bien sea para hilvanar rimas asonantes o consonantes que horadan en el tiempo y taladran mi pecho, cuanto veo y cuanto escojo es un desdén vespertino para rematar mis caminos y así, Lorena, en mi escondida cuna atesoro todo el oro que me concede la vida.

Trances de soledad

 



El mensajero del cielo,

un apóstol saudade

que concede un deseo

único, de terciopelo

para lustrar con velos

de seda esos cabellos

aislados en un tinelo

desleal, en un suelo

carente de verdades.



Sólo por ellas amartelo

poemas que disuaden

llantos en pañuelos

de papel, sus trances

de soledad, el destierro

en un hogar desierto.



Con burdos señuelos

subieron a los altares,

… convictas por celo.

Revuelvo mis habilidades

en unos versos que rehace

sus vidas, sus sueños….


Pulimentando la piel de sus pies




     Como si fuese un niño débil e ingenuo, sin ser capaz de contener las lágrimas frente a sus pies, aparté lentamente sus sandalias, dejando su desnuda y reluciente lámina de vidrio sobre mi muslo. Entré mi mano en el aguamanil y con una calma extrema saqué un poco de agua, para derramarla sobre su pie, repetí varias veces ese maquillaje cristalino, hasta que todas las manchas de limo se escurrieron hasta el suelo.

     Sin que bajase su pie, hice lo mismo con la sandalia. La sostuve en mi mano izquierda y la lavé con la impecable linfa que se infiltraba hasta la jofaina, hasta que la planta de la sandalia quedó tan blanca y brillante como la plata.

     Una vez maquillada su lactescente piel y lavada la nívea planta de la sandalia, con modesta osadía le calcé la suela de la sandalia, engastando un arillo de cuero dorado en su exquisito pulgar y el suave talón de cuero tras su delgado y estilizado tarso.

En los umbrales de Lorena

 





Si fuese una dríade inquieta,
una gema encalada de claridad,
una chispa de estrella que espeta
luz en la hondura de la voluntad.
Hecha de lozana hierba y maleza,
de lloroso sauce y mágico rosal,
una luciérnaga de la naturaleza.


No fuere, en el monte, sólo silueta
que redibuja muescas de felicidad,
que reorienta hojas como veletas,
con esa singular y alegre fiesta
de mesmerizar la voz del poeta.


Sino, lograse ser brisa de cantueso,
o céfiro gélido y dulce de la menta
o risueño relente de cálidos besos
encarnados en el resplandor ilesos
de tan delicados labios de amapola.


Con los que inaugurase el umbral
adonde canturrea encelada alondra.
…, soy rostro de brillante belleza,
ensueño que no olvida y ahonda
corazonada en un pecho inmortal;
sí, amor silencioso e incondicional.

Laudar

 



No, no osaré a dejar lamparón

de légamo en tu suelto pantalón.

Soy sanctasanctórum de corazón,

la flor, el cielo y el fulgor del Sol. 

Soy alegría que alivia las máculas,

dilapidadas con las voces vacuas

de los violentos, esos que enjaulan

con engaños a damas sonámbulas;

esos que esposaron bajo opresión.

Yo, yo limpio con diligente ilusión,

os irrigo con mis llantos de agua

para que la delicadeza del amor

enraíce con lozanía en el corazón.



Si te manchase, sería con párvula

idea y, al igual que tú, un trauma

agobiaría la anchura de mi razón.

Calla, que no veo mal en tu acción,

es más, tu escrupulosidad te lauda,

y tu educación es un mirífico don

que no hacen daño; suficiente causa

para que no ensucie tu pantalón.




Sin triar camino

 







Amargo desconsuelo de alcoba

o ante fríos e insolentes espejo,

los que a diario les ha devuelto

indefectibles envejecimientos.

Por qué el terco tictac del tiempo,

por qué esa porfía a su aspecto,

¿sólo por deslucir con fruncimientos

su tersa y pálida piel de zagala?

Perverso es el vicio de las horas,

… renunciar al alborozo de chavala

por la clausura en un convento

conyugal, adonde sola llora.

… sólo servir sin sentimientos.



Germinan atractivas alubias,

ópalos de suaves albúmenes

y tan hialinos como el cuarzo.

Al alumbrar de cálidos regazos,

tallos que medran como tréboles

lábiles; aunque sin triar camino.

Seduce con olor a hierbabuena,

y se alzan lozanas, … tremole

esa tez verdemar con la lluvia.



Cegadoras ramas que alucian

los recreos de los paraninfos,

y no sólo exhibiendo los finos

atributos de sus blanquecinos

cuerpos, sino las vitales astucias

con las que mutilarán el destino

de los recios latidos masculinos.



Tras madurar arpa al viento,

… tañe su corazón y una juncia

la fecunda; ahora taumaturgia

de vida mama de su pecho.



Lástima que el alcohol ahueca

la imaginación del histrión,

hasta el límite de la vejación.

Así, de sus vanos, las evidentes

lágrimas, …, cuan grotesca

se vuelve la tez de la relación.

Ella, ajena, acechado gresca

y lívida como el albayalde,

se deslustra en lamentos.

Ya no le quedan lloros risa,

sino sólo es simple hojaldre,

para ornamentar deprisa

la mesa, y miaja de yesca

para ruborizar sus mejillas.



Así se consumen sus sueños,

bajo mojigangas de titiritero,

y su amor, de corazón, duelo

de orquídea en arca de poeta.