En los umbrales de Lorena

 





Si fuese una dríade inquieta,
una gema encalada de claridad,
una chispa de estrella que espeta
luz en la hondura de la voluntad.
Hecha de lozana hierba y maleza,
de lloroso sauce y mágico rosal,
una luciérnaga de la naturaleza.


No fuere, en el monte, sólo silueta
que redibuja muescas de felicidad,
que reorienta hojas como veletas,
con esa singular y alegre fiesta
de mesmerizar la voz del poeta.


Sino, lograse ser brisa de cantueso,
o céfiro gélido y dulce de la menta
o risueño relente de cálidos besos
encarnados en el resplandor ilesos
de tan delicados labios de amapola.


Con los que inaugurase el umbral
adonde canturrea encelada alondra.
…, soy rostro de brillante belleza,
ensueño que no olvida y ahonda
corazonada en un pecho inmortal;
sí, amor silencioso e incondicional.

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