Despedida de un Ruiseñor

 




Ruiseñor, nada nos aleja,
ni los frecuentes pestañeos,
que me vedan las perlas
níveas del alto pirineo,
ni estornudo, que presta
ad libitum en un aleteo
de amor, musical jadeos
al arbitrio del placer.

Surge abrazo que allega
por los estremecimientos
en la cama, como un deber
entre sábanas, unos flirteos
apacibles y sumiso resuello,
céfiro con el que flameo
toda tu piel con amenos
y sensuales besos.

No, no olvidaré puerta
alguna, todas abiertas
para que me entretejas
a tu antojo, como ujier
bajo cuerpo tribunal.

Sea polen de androceo
sobre fragante gineceo
en un jardín nupcial.
Marioneta, es este deseo,
mi función sentimental.
Drama, cuando te marchas
y, francamente, es colosal
función de única Diosa
entrando en el Valhalla

cuando vuelve mi Alba.


Sueños de manicomio



Me desharé en elogios,
como devoto demonio
que sigue el encomio
de bellísimo episodio.

Un lírico manicomio,
los dedos melancólicos
que viven en un folio,
pernoctando en insólito
corazón, en el exótico
elíseo del amor, el opio
de los besos, tu cuerpo,
el lugar de mis sueños.