Escalofriante ignorancia

 


Quién hay ahí, velando el cielo,
quién nos acecha con austeros
ojos en la noche, dan canguelo
las tinieblas del firmamento
y los espectros incorpóreos
que se agrandan en el suelo;
son los tercos ogros del pueblo.


Tan sólo, en un sucinto segundo
sé que son chisme con ardid; bulos
del clero, usura ocultada con miedo,
son ángeles enmascarados, dioses
insidiosos, falsa Vírgenes de Dolores.


Cuando el gentío yace en paz en la cama,
cuando sólo hay calma, un rotundo
mutismo se apodera de los fecundos
prados, naciendo un mágico mundo
de fábulas, con millares de ensueños.


Señero hoy paseo por estos oscuros
senderos, me embriaga un embrujo
natural; la inmensidad del universo.
Ver luceros adonde todo es negro,
ser conscientes de cuan pequeño
soy y, a la vez, ignorar el secreto
mágico de mi lacónico tiempo.


Absolutamente todo está lleno
de indescifrables arcanos, etéreos
rompecabezas que hay dentro
de mí, enigmas sobrehumanos.


Sí, se descorre cortinaje sobrecogedor
cuando cae la tarde, es por ser centro
de lo desconocido, por el sentimiento
escalofriante de no saber qué somos
e ignorar de qué está hecho todo ….

Heme aquí


 
Heme aquí, harto de miedo,
agotando mi valioso tiempo
tras sucumbir al vandalismo
del reloj, a su firme cinismo,
e intuir mi umbral al abismo.


Sé, qué todo lo que heredo
es, en sí, simple espejismo,
un legado tirado al vacío.


Se me alza pavor megalítico
por penurias en mí mismo.
Desposeído de los devaneos
de señoras, de no ser asido
con delicadeza y aún menos
de palpar pétalos con besos.


Me acerco sumiso, con miedo,
casi sin hablar, con el empeño
terco y decidido de ser siervo.
Procurando alentar tus cinco
sentidos en todo momento.
Adivinando tus pensamientos
para arraigar ese mítico brillo
en ventanos del firmamento.


Vivir para tu vida, exigiendo
que cada clarear transcurrido
valga la pena, que sea escogido
como propio, un alba de fuego,
para enmarcar en el recuerdo.


Ciego en lograr con cada gesto
no sólo un tesoro sino infinitos,
de valía colosal, aliñar el sustento
crucial del corazón. Es ascetismo
de Mujer que roza el misticismo.
Mira, eres, para mí, lo más bello;
pues posees el hermosísimo don
de obrar mi felicidad: el Amor.

Señeras arterias de un lunático

 


Hontanares hondos y sibilinos
esbozan sobre tersa piel álveos
hilarantes, es el sentir salino
de corazón insomne, cárdeno.


Versos que desaguan espontáneos
arroyos de veneros argénteos
en las arenas de un mediterráneo
que aún conserva lugares etéreos.


Son dádivas para un cutis pulido,
para nívea estrella de orquídeas
que desenlaza por mí sanguíneas
arterias liosos torrentes de grillos.


Se acrecientan y agitan los latidos
por señeras arterias de un lunático.
Es culpa de la picadura, analepsis
a la “canción del esposo soldado”.


Mujer de miel, de ti me he enamorado.
Mas, mal trago a lo largo de la vida,
pues esposaste y sembraste tu vientre
con un necio. Entretanto, este duende
te habría aupado alta, en una ascesis
de cierva concebida y cristal delicado.


Ahora, diligente, sí, y aquí, a tu lado,
siego la mies del querer, desde siempre
reordenando esta obstinada sinapsis
que, como cerezo en flor, brota sin suerte.

Echado a sus pies



Estoy aquí, echado a sus pies.
Un arcángel que desea saber
de sus debilidades, de su vida,
para enamorarla con poesías.

Duermo a tu lado, Mujer.
Hilvanando fina caligrafía
en tu oído, tatuando sien
con lo que no cabe entender.

Inefable y limpio bienquerer,
perpetua y cegadora alegría,
taumaturgia en afilado alfiler.

Ángel Cupido que salva días,
que ata y templa un poder
emotivo, lírico, de fantasía.


Vocecillas



Debes de darle las gracias a Alai, por comunicarse conmigo en sueños. Por dejar ese sendero, aún corto, que se entrecruza con mi camino durante la noche.

He intentado reordenar las semillitas que Alai echó durante mis frecuentes desvelos, para que agarrasen en el sustrato de mi corazón y al amanecer floreciesen en una merecida felicitación para su madre.

Creo que, aun dormido, la he oído bien; y la seguiré escuchado con prolija atención. Son vocecillas en el remoto lugar que compartimos cuando tenemos los ojos cerrados, cuando el mundo calla y los sueños vuelan como susurros entre las estrellas, conversaciones a corazón abierto.

Feliz día de la Madre


En los pocos pasos que aún he dado, en cada ingenua decisión que he tomado, siempre encuentro el barrunto de tus consejos y el eco de unos latidos incondicionales. Todavía no he aprendido suficientes palabras para agradecer todo lo que estás haciendo por mí, pero, mamá, te aseguro que desde que me levantas hasta que me devuelves a mis felices sueños, el mejor regalo que me haces es tu deslumbrante sonrisa.

Hoy quiero decirte, con mi escaso vocabulario, cuanto te quiero, recordándote que eres lo primero en mi vida, incluso cuando estoy en la guardería te veo a mi lado. Eres el fertilizante en mis ganas de jugar, el único abrigo que calma mis sustos y la voz que me guía en mi camino.

Siempre, en mí, un reflejo de tu amor, … mamá.

Alai

La Encina



Imperiosa, recia, bañada en luz,

aromatizada con cantueso y jara,

con livianos labios de amapola,

y lenguas deshilachadas de lirio.

Engalanada con un aura azul

de cielo y alabada en algazara

entre trinos de una multitud

de entusiasmados fringílidos.



Camino con limpia actitud,

calado por la lluvia, como Tú,

vistiendo una camisa delgada

que no me resguarda del frío.

Aun así, jugueteo con el alma

de mi hermosísima Dama,

sin discernir, Cariño, si duermo

o tan sólo reposo en hondo sueño

a la sombra de sus bellos pies.



La primavera se abre con brío

de vida, en un cortinaje de mes

florido, en la amplia almajara

de dehesa que estalla con salud,

rebosando amor, en un fuego

extenso de color, en despintada

tableta llena de matices pastel

y de visos vivos, más trémulos

aleteos de mariposas blancas.




Preciosa, es esta frágil herida

en niño, hilvanada a hierro.

Sí, así es, inocente e ingenuo,

pues cada noche en plenitud

me ilusiono con tu bienquerer

o me carcomo por mi pretender;

negativo velado que encierro

en mi pecho. Bellas estampas

al caer tarde, por largas guardas

al titilar la noche, sin prisa.

Mas, ahora me turba un trueno

de duda que retumba a destiempo;

…, mi obsesión me sigue hiriendo.


Te quiero, Esposa mía, mi Amor, mi Vida

Tan sólo, y para siempre, tu marido, un siervo a dulcísimos Pies.