Quién hay ahí, velando el cielo,
quién nos acecha con austeros
ojos en la noche, dan canguelo
las tinieblas del firmamento
y los espectros incorpóreos
que se agrandan en el suelo;
son los tercos ogros del pueblo.
Tan sólo, en un sucinto segundo
sé que son chisme con ardid; bulos
del clero, usura ocultada con miedo,
son ángeles enmascarados, dioses
insidiosos, falsa Vírgenes de Dolores.
Cuando el gentío yace en paz en la cama,
cuando sólo hay calma, un rotundo
mutismo se apodera de los fecundos
prados, naciendo un mágico mundo
de fábulas, con millares de ensueños.
Señero hoy paseo por estos oscuros
senderos, me embriaga un embrujo
natural; la inmensidad del universo.
Ver luceros adonde todo es negro,
ser conscientes de cuan pequeño
soy y, a la vez, ignorar el secreto
mágico de mi lacónico tiempo.
Absolutamente todo está lleno
de indescifrables arcanos, etéreos
rompecabezas que hay dentro
de mí, enigmas sobrehumanos.
Sí, se descorre cortinaje sobrecogedor
cuando cae la tarde, es por ser centro
de lo desconocido, por el sentimiento
escalofriante de no saber qué somos
e ignorar de qué está hecho todo ….





