La Encina



Imperiosa, recia, bañada en luz,

aromatizada con cantueso y jara,

con livianos labios de amapola,

y lenguas deshilachadas de lirio.

Engalanada con un aura azul

de cielo y alabada en algazara

entre trinos de una multitud

de entusiasmados fringílidos.



Camino con limpia actitud,

calado por la lluvia, como Tú,

vistiendo una camisa delgada

que no me resguarda del frío.

Aun así, jugueteo con el alma

de mi hermosísima Dama,

sin discernir, Cariño, si duermo

o tan sólo reposo en hondo sueño

a la sombra de sus bellos pies.



La primavera se abre con brío

de vida, en un cortinaje de mes

florido, en la amplia almajara

de dehesa que estalla con salud,

rebosando amor, en un fuego

extenso de color, en despintada

tableta llena de matices pastel

y de visos vivos, más trémulos

aleteos de mariposas blancas.




Preciosa, es esta frágil herida

en niño, hilvanada a hierro.

Sí, así es, inocente e ingenuo,

pues cada noche en plenitud

me ilusiono con tu bienquerer

o me carcomo por mi pretender;

negativo velado que encierro

en mi pecho. Bellas estampas

al caer tarde, por largas guardas

al titilar la noche, sin prisa.

Mas, ahora me turba un trueno

de duda que retumba a destiempo;

…, mi obsesión me sigue hiriendo.


Te quiero, Esposa mía, mi Amor, mi Vida

Tan sólo, y para siempre, tu marido, un siervo a dulcísimos Pies. 

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