Tu último Amor



La mujer tiene un instinto más sutil para las cosas: 
-Les gusta ser el último amor de un hombre- 
Oscar Wilde 

··· 


No ansío a fosilizarme con la hipnosis 
del impecable talle de un buen escultor. 
Pues, si no viese el inmensurable valor 
que atesoras en tu encofrado corazón, 
se sucedería en mi pecho una necrosis 
por la oclusión de la enlodada sangre, 
que se agostaría seca al no apreciar 
la claridad que dimana de tu alma, 
la calidez de tan laureada mujer. 



Por ello, irrumpo con estos versos 
y revelo que no persevero en ser 
el hombre que codició el querer 
aniñado de aquella primera vez. 
Rompo con los flirteos del verano, 
con los revoloteos de los pájaros 
que aturullaron mi juvenil razón 
y con los frágiles y ciegos espejos, 
adonde rielé mi narciso parecer. 
… me abrumaría en escándalo 
si no loara esa belleza de Mujer 
si mi somnambulismo extrañase 
sus jardines, sus íntimos parajes. 



Deseo que te eleves y aletees 
como la alondra al atardecer. 
Trinado aquellos ensueños, 
esas romazas de desconsuelo 
que me eclipsaron de escalofrío. 
Las alusiones que erizan mi vello 
y que aún se mantiene como vivo 
fuego a la sombra de mi pecho. 



También confieso, que tener 
suerte y ser venturoso cupido, 
no es tesoro que en mi anido, 
ni siquiera es mansa melodía, 
sino fue abrumadora armonía 
que cicatrizo en silencio. 



Aún siento su deleitable vergel, 
el regocijo en su ambarina miel. 
El agrado de su voz y, a la vez, 
la canela de maestra Colmenero. 
Ahora, se endurece como cuero, 
es la connatural metamorfosis 
del caramelo que se cristaliza 
en ámbar, luciendo apoteosis 
y aniquilado todas las inercias 
desaborida que hartan la vida. 



Yo, soy sencillo, o quizás inocente, 
y apenas brillo en esta comedia. 
Agasajo con miajas de cenizas, 
de leves chispas de bienquerer. 
Sí, sé, que así, estoy chapado 
a la antigua, pero enamorado 
lanzo sensibilidad que ruboriza 
y cautiva con párvulas acuarelas 
que se tatúan tras las finas telas 
que engalanan tu hermosura. 



Deseo mendigar los sentimientos 
más ocultos, tu velada ternura. 
Halagarte con tímida caligrafía, 
para exacerbar vibrátil locura 
que transpire levísimas delicias 
por los poros lactescente 
de tu pulida y cálida piel. 



Yo quiero ser el que, en vigila, 
atienda la temible oscuridad 
de cada una de tus noches. 
Bregando primaveral vida 
con leal y humilde pasión. 



No, no me importa que en tu ser 
haya alusiones a otros hombres. 
Pues, aspiro a ser el que deshiele 
tus anhelos, liberando esas ansias 
de alcanzar los Sueños del Amor. 



Es apasionante locura aguada 
en los trazos para tus cartas, 
es sensiblería en forma de poesía 
que se esboza en este corazón, 
para anegar tus ojos en una mar 
de lloros que rompa en la sumisa 
playa de tan deseables párpados. 



Así, a través de trémulas yemas 
te confío mi más íntimo secreto. 
Viviré siendo tu sincero artesano, 
tildando con lágrimas los poemas 

que sacrifican mi apacible dolor. 
Así, inundaré con toda mi alma, 
los insondables pozos de tu corazón; 
… he de ser tu último amor, 
un espíritu verdadero 
y de carácter sincero, 
… deslumbrándome con tu fulgor.

-Gracias-