No, no osaré a dejar lamparón
de légamo en tu suelto pantalón.
Soy sanctasanctórum de corazón,
la flor, el cielo y el fulgor del Sol.
Soy alegría que alivia las máculas,
dilapidadas con las voces vacuas
de los violentos, esos que enjaulan
con engaños a damas sonámbulas;
esos que esposaron bajo opresión.
Yo, yo limpio con diligente ilusión,
os irrigo con mis llantos de agua
para que la delicadeza del amor
enraíce con lozanía en el corazón.
Si te manchase, sería con párvula
idea y, al igual que tú, un trauma
agobiaría la anchura de mi razón.
Calla, que no veo mal en tu acción,
es más, tu escrupulosidad te lauda,
y tu educación es un mirífico don
que no hacen daño; suficiente causa
para que no ensucie tu pantalón.

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