Cuanta cantinela exige una melodía o cuanto rumor le falta



Cuanta cantinela exige una melodía o cuanto rumor le falta, para que se propague etéreamente por la atmósfera. Es tan necesaria la armonía de una pieza musical, esa vaporosa consonancia que se difunde libre a través del aire y que, sin dejar rastro alguno en el ambiente, se adhiere al alma como un trinar de ruiseñores o un susurro de brisa que acaricia el deshojado abanico de unas ramas otoñales. Así se pronuncia el piano, el violín o la guitarra y así vibra la cuerda vocal del cantor, como si fuese un alba luminosa, se alza desde el exaltado corazón del solista. Nada, nunca nada, se extiende entre la gente con un estilo tan agradable y ocasiona al unísono tanto deleite.

Cuantas flores requiere un ramo o cuanto colorido pide, para que transmita al alma de una Mujer este exceso de amor que conduce mi razón hacia la locura. El liviano aroma de los brotes de una gavilla de florecillas, su evanescente agrado, que enajena el entorno y se adhiere a tu sedosa piel como el lozano aroma de un jardín al borde del mar. Exhibe el lirio su intenso añil de cielo limpio, revela la amapola su rubí tallado de aurora inmaculada o trasluce el trébol su verdemar con el relente que cae en silencio tras la oscuridad. Quizás, sí quizás haya visos tan seductores como las abigarradas flores de la primavera; de ellas, Mujer, entresacaré un florilegio de luz para acomodar el arcoíris junto tu pecho y escogeré la flor más exuberante para dedicarte mi temblorosa declaración de amor.

Cuantos versos he de rimar para atildar un poema que apacigüe cualquier posible incertidumbre en tu armonioso y colorido pecho. Mi lírica, este hilo musical que te deseo de dedicar, ha de sacar los latidos de tu corazón hasta la sedosa linde de tu piel. Sí, como floresta primaveral, tu corazón se ha desbordar por tu piel, un estallido de calor y de frío a flor de tu fina piel….

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