Deprisa al desayuno.




Voy deprisa a la cocina, os voy a preparar el desayuno, que se me ha hecho tarde y tenemos que salir a pasear.

-¿Queréis tostadas?.

Sí, unas rebanadas finas de pan tierno hechas fuego lento. Para que se doren por dentro y quede muy crujientes.

-¿Qué queréis echar en el pan?.

-¿Preferís mermelada de gruños o de fresas?.

Os pondré las dos confituras en un plato y lo que sobre se lo servimos a Chencho; que relama su plato con placer.

Creo que con seis o siete rebanadas está bien, tres para ti y cuatro para Pablo.

-O mejor, ¿o apetece con aceite y azúcar?. Sí, el aceite que a ti te gusta. También puedo machar un tomate natural y carnoso, con algo de orégano y no sé si os agrada un dientecito de ajo. Os lo pongo en un plato aparte y así, si os apetece, lo refregáis por el pan tostado.

-Café, ¿no?.

Sí, de la marca Delta o Camello, el café que siempre se ha bebido en Extremadura, que empezó entrando con el contrabando. Bien molido, que el polvo quede fino para que suelte todo su aroma.

-¿Os lo endulzo con miel?.

Sí, creo que la esencia de las flores vendrá mejor a ese museo blanco que escondes tras tu blusa, a esa terraza de placer y calor donde recostaría mi mejilla y dormiría eternamente. Gozando de la suavidad de tu piel desnuda, deleitándome con el latido de tu corazón y soñando que soy el aire de tu lenta respiración, que soy esa agraciada molécula de oxígeno que se puede adentrar por tu boca, que tiene la virtud de henchir tu inabarcable pecho y de acariciar tu íntima piel…, ¡Oooooh!.

Para él y para ti, sí, para que se defendáis vuestros cuerpecillos del cansancio, del metálico quehacer del día… Convidaros con el abrazo de un buen desayuno que disipe toda sombra de fatiga y os ponga las pilas. Así, mi amor, desplegaréis alas de avión y callejearéis por todas las arterias de Cáceres; y pasearéis por todos los callejones de mi corazón.


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