He de ingresar al reino de tu cuerpo,
procederé con altísima minuciosidad
a través de las vidrieras de tu cielo.
Refinaré miles de ringleras poéticas,
una ternura que deshoja mi frenética
alegría a merced de toda la dialéctica
que me reclama tu gentil personalidad.
Me alzaré como el vaho de un ensueño
para sahumar todo ese paraíso resuelto
que da origen a este abanico de versos.
Así mantendré la floresta de tu pecho
y tu latido retoñará vergel de amor,
una brújula que se revelará en clamor
de lirios y de amapolas, un gran lecho
de color para pulir en tus labios pétalos
de cristal y en tu ambarino iris sépalos
que den miel de abeja; dulcísimo hecho
de que tu corazón es paraíso seductor,
un marmoleo palacio de colosal valor
donde, por favor, deja poner un techo
donde cobijar todos mis leales anhelos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario