Nos ponemos lindos.




Nos ponemos

de lo lindos,

con nada menos

que un opíparo

tazón de ardiente

crema de chocolate

que nos arrebate

el gélido relente.



Más un buñuelo

de los madrileños,

esos crujientes,

que nos llene

bien el vientre



Así pariríamos

coloretes pícaros,

sin nada esfuerzo

un gustillo cardíaco.



O mejor un tente

pie de algo frugal,

pero no elegíaco,

sino bien diferente.



Embeber placeres

cálidos de cristal,

de cárabe natural,

que sean fuentes

con los que libar

amapolados labios.



Ribera de ébano

al Sol, un océano

fino al óleo virgen,

un pellizco enano

de verde orégano

y raspar un diente

hasta el tuétano.



Ensalivo el palatino

templo del corazón,

adonde sólo entra

al azar el destino.

Perdura largo aguijón

en las olas de la lengua,

hasta que salta el amor

en una caricia…

… que aún no imagino.


No hay comentarios:

Publicar un comentario