Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
Una última miaja
Un amable esfuerzo para despedir el año, un trémulo untar de pluma, para dimanar unas últimas gotas de tinta y terminar esta felicitación de Navidad; agotando un tintero de sentimientos naturales.
Al principio cuesta, pero cuando el corazón se sincera con vosotros, o cuando se aflige al distinguir las penas que sienten los olvidados, esta pluma se acrecienta convirtiéndose en incontenible gotera, a la vez el tintero se colma transformándose en un rebosante canal de agua y al final, ambos, evolucionan extendiendo su torrencial lluvia de tinta que desborda riveras y anega, de sentimientos, las fecundas almas de los compañeros, los amigos y la familia.
Sé, que hay llanto de pobreza y grito de dolor por todos los países del mundo, incluso en los estados más prósperos el desconsuelo abarca incontables rincones. Pero hoy, la alegría debe de derretir los copos de los ojos. Sí, hoy, cuando las copas se alcen en brindis de amor y paz, han de llover temblorosas gotas de júbilo.
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