Surge fácil, de este corazón
que late en soledad, de manos
que, con un rocío de lágrimas,
riegan el pulso de mis yemas.
Tiemblo, en esta fronteriza noche
de diciembre, sacudo mi alma
de la azucarada lluvia del dolor
y despabilo al nuevo alba
del año; con un racimo de doce
mieles brindo por esta velada.
Para que el llanto, al fin, separe
la cobarde pena de la roja sangre;
para que la miel de achicoria
se relama en todo labio de barro;
para que nuestro lucero del cielo
aclare todo el maldito sarro
que hereda la cima del mundo,
… sin violencia y sin hambre;
… tan sólo tres deseos míos; amor
tímido que inunde, con clamor,
el gran corazón de mi José; amor
humilde que ahogue, con fragor,
la vasta alma de mi familia; y amor
sutil que cuide de nuestro audaz color,
de ese lugar admirable y profundo
donde una sola Amapola y un lirio
se adoran con anormal delirio….

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