Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
A dar graznidos
Así que, a dar graznidos como un cisne nervioso, un modesto y sencillo patoso que pretende ser elegante. Espero, entre tanto, no toparme con un desalmado cazador. En verdad, lo que deseo es una cocinera del corazón, para que lo macere como ella sabe, tal como se le antoje, y para que también emplume toda mi alma, y así pueda volar por todos sus cielos. Quizás, mi corazón transparentado se aventure en una imposibilidad, pero seré testarudo, hasta que mis ojos se sequen como los de un abuelo que busca en la tierra la simiente de su hermosa Flor.
Me adormezco con la música y con esta claridad de amor. Así que si me das permiso, María, me retiro a soñar contigo, me echaré a tus pies…. Dulces sueños.
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