Sueños en tu siesta



Cuando al fin te retiras, después de entrar, salir y recibir a los clientes, de la comedia de colocar los papeles que, por sí solos, resurgen en el medio de la mesa, del enredo de ires y venires por los pasillos y de abrir las puestas; todo, tal como es una jornada.

Te dejas caer en el sillón, en tu lado del salón, o sobre la almohada y te esfuerzas en aquietar tus latidos, tu fatiga. Justo ahí enciendes una luz en la cabeza, eliges un color y pulverizas una gota de aroma. Entonces resurgen las imágenes, figurillas que se recrean detrás de tu frente.

Abres un paisaje en blanco y comienzas a llenarlo con el máximo rigor posible, de espejismos de color y de mágicas ilusiones. Al poco tiempo, y en un instante, las figurillas se tranquilizan y te trasladan a los caminos de la montaña de Cáceres, te llevan a las veredas de los parajes de los Barruecos e incluso te deportan a aquellas rutas en las altas cimas de Pilatus o a remar por las aguas del lago de Zúrich. Tus fascinantes ganas de vivir te hacen permeable al más mínimo detalle y, así, las simples espigas doradas o los diminutos brotes verdes te distraen como si la sencillez inundara la transparente mar de tu corazón.

De idéntica manera, sé que te emociona la Luna llena, lo sé por tu pasear nocturno, y que te seducen los cortinajes de fuego que se alzan por los cielos durante las puestas de Sol, o con el centelleante camino que la Luz traza en tu piel del Mar.

Sé, que el abismo del firmamento en las noches estrelladas te suelta el alma y hablas con claridad, tanto como una Luna llena, hasta llegar al amanecer, respirando el agradable aroma del heno húmero y sintiendo el relente que atemperar tu piel.

Yo me acurruco, advirtiendo lo insignificantes que soy para ti, en tu inmenso universo y, a la vez, lo feliz que puedo llegar a ser. Así, Mari Ángeles, intento dilatar mi ser hasta el infinito y aspiro, aun sea a base de versos, a palpar lo inasible de tu ser, a cuidar de tu gran corazón,…. El júbilo de pensar que tú, Cariño, piensas en mí y el amor al proyectar todo mi corazón en los demás…, me colma de bienestar, me hace sentirme en paz conmigo mismo.


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