Cuando un Corazón Enorme decide ponerle alianza a su otro latir, a su cónyuge, le ofrece primorosos regalos, bien cajitas decoradas que atesoren una alianza para toda una vida, o bien huevos de Fabergé que encierren una promesa de eterna lealtad. Sé que estos presentes son para arrodillarse, para tomar tu mano y decir, con una voz más o menos vacilante:
Nos unimos el resto de nuestras vidas.
Ella, de Inabarcable Corazón, ampara el presente que le han regalado y exclama:
-¡Ay!, ¿Qué haces? ¡Levanta tontorrón!
El Corazón Enorme, tembloroso, y continuando con su esperanza desencaja la tapa de la decorada cajita y sobre su terciopelo violáceo revela un Duende Alado, con pies y manos, de piel nívea, sumamente delgado y un brillo indefinible en su mirada, a continuación, desenrosca la mitad del huevo Fabergé y sobre una perla opalescente ofrece una Deidad del Aura Nocturna que bate lentamente sus blancas alitas de mariposa, con luz de luciérnaga, antenas de fina plata y patitas de hilo de oro.
El Corazón Inabarcables, con sus ojos vidriosos, de copos descongelados, no da crédito a lo que ven sus ojos, siente un escalofrío que jamás antes había advertido y adivina que emana de sus latidos, de explosiva diástole del corazón, es un big bang de amor, ….
Exclama el corazón enorme.
*Mi amado e Inabarcable Corazón, te concedo este Duende Alado para que
Sueñes despierta
de cuanta belleza
continua desierta
en la naturaleza.
Deja que reconvierta
todas las delicadezas
en verso que desconciertan
tus latidos con pureza.
*Y esta Deidad del Aura Nocturna es para que
Desvelada agites sus alas
y acompasando tu alma
invisible te alces a cielo
particular, a un suelo
entre nubes y de bengalas
de estrellas consteladas.
Flotar entre tus sueños.
El Inabarcable Corazón, con su entraña boquiabierta, exclama tendiendo puente milagroso y con un júbilo que, aun se suceda inadvertido, prende en una zona insondable de su Inabarcable Corazón.
-Siembras una dicha humilde, concedes palabras únicas y, con una ternura dulce, me cercas mi Inabarcable Corazón.
-¿Qué quehaceres diarios me concedes?, ¿Por qué derrites los copos de mis ojos?…. No es posible regalar tanto placer, o por qué, si, por qué te empeñas en darme absoluta felicidad; ya no puedo abarcar más primavera, ya he abierto mi corazón de par en par.

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