Si pudiese mover las manecillas del reloj de mi vida





Si pudiese correr las manecillas del reloj de mi vida, si consiguiese retrasar el tiempo hasta un instante anterior a mi primera relación y a sabiendas de que, tras la curtida piel de mi roto corazón anida el insoportable y amorgo rejón de deshonrosa relación anterior, renacería María del Carmen con estas mismas tonadas de Amor que te escribo cada día y también rebuscaría, desde aquel antaño segundo y entre todos los pechos, a la utópica Joven que goza de ese Enorme Corazón que en estos días me has entregado.

Escudriñaría todas las formas de ser, pero sólo repararía en ese modelo de personalidad que deseaba estudiar enfermería y que le encantaba la radio y así, día tras día oiría todos los programas de la radio, incluso prestaría atención a cada partido jugado, hasta advertir la singular voz de una comentarista que emitió una competición perfecta.

También me sentaría distinguido, más elegante que un caballito de mar, en las puertas del Mercadona, en las esquinas de la plaza de Mura, en las terrazas de la plaza del ayuntamiento, en las tiendas de regalo y las mercerías y a las puertas de aquel instituto de san José. Para llamar tu alegre atención, para desparramar distinción y delicadeza y para que te percataras de mí. Sí, mi Vida, para cruzar el litoral de la inabarcable mar, de ese océano de amor entregados que posees y que sacude con olas de ternura mi humilde pecho.

Además, hincharía mi alma, como un enorme globo en forma de corazón, hasta que reventar de amor y también, desollaría mis manos, hacendosas herramientas que devorarían todo tipo de labor, hasta envejecer por dar a nuestros querubines su merecida vida o, al menos, una existencia como la que nuestros padres nos entregaron. Tan sólo les exigiría a ellos, a Carmen, Ignacio y José, un único deseo, algo de rocío, unas alhajas para su madre, unas lágrimas de granadina helada para no sudar en nuestro eterno lecho Amor….

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