Tengo la cabeza cargada y no sé si es el cambio de tiempo o es el agotamiento, o quizás sean ambos que se ha asentado en los quicios que dificultan los movimientos de mis neuronas. En fin, tendré que cortar pronto este placentero momento de escribir y reposar en los albedríos de mis sueños.
Antes de caer rendido sobre la cama tengo que sacar a mi mascota, a Lunares. Hoy, que la lluvia no nos ha dejado pasear, no le he sacado por el campo como se merece. En cambio, él, sin exigir nada a cambio sigue igual de cariñoso y, como siempre que llego a casa, deshaciéndose en halagos y con un nervio alocadísimo. Rompiendo su cola contra los muebles, ladrando con cientos de tonos, como si me quisiese hablar, y saltando una y otra vez. Se sube encima de mí, apoyando sus patas delanteras, me sonríe con sus recolgones labios y me lanza lametones, atinando en ocasiones en mi cara. Aunque tenga la lengua muy grande no me babosea, pues da pequeñas caricias, ligeros o, para que lo entendiendas mejor, tímidos roces. Se lleva mi zapatilla escaleras arriba, pero si insisto en que la devuelva, me la trae a los pies sin recelo alguno. Sube a toda carrera, recoge su juguete y salta sobre su sillón…, ya hemos desistido de prohibirle ese lugar, hemos accedido a su voluntad, todo suyo, que disfrute sobre el sillón como uno más de la casa.
He tenido otros perros, y a todos los he querido como a un miembro más de la familia y ellos siempre han exteriorizado algo singular, una forma de ser que les ha hecho irremplazables. Leo en sus ojos y en su sonrisa y, misteriosamente, desaparece el rencor acumulado a lo largo del día y me pongo a jugar con ellos, o los saco a pasear porque piden tan amablemente mi compañía que no les puedo negar tan simple placer.
Cuanto tenemos que aprender de los animales, es una unidad de vida compartida que, aun tengamos diferentes formas, gozan de un enorme corazón familiar…. Sí, la imagen de mi Lunares, blanca y sedosa es un deseo leal y sincero, es un hijo más en mi hogar.
No cambio esta idea aun a sabiendas de que mucha gente no lo pueda aceptar y la considere descabellada. Me ha dado tanta vida como la que yo le tengo, sin más explicación, que ofrecer a él; se la merece.
Hay personas que diferencian a los animales como seres irracionales y a las personas como seres racionales. Sencillamente, estas personas no han convivido con animales y no saben que sí, que los animales son capaces de razonar.
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