Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
Aún no estás echada
Aún no estás echada…, ahuyentaré la claridad corriendo las cortinas y la tenue oscuridad se extenderá sobre tu cama. Aguardo a que el ánima de los sueños se deje entrever en tus clausurados párpados y sentado al lado de tu cama permanezco ahí, como una ovejilla más que contarás hasta que te adentres en la mágica ilusión de la siesta. Te acecho Mujer, sí y velo por todas y cada una de esas estrellas brillantes y, una a una, se me revelan como luceros prendidos en tu piel. Paralizo mi respiración, pues no pretendo tu despertar, y me aferro a la fascinante contemplación de tu carita dormida; a la somnolencia de tu ser.
Tu ligero cabello, como una rama de sauce se crespa sobre la almohada. Tus perfiladas orillas se cierran y estancan la laguna de tu saliva, silencian las danzarinas ondas de tu voz e impiden que resurja la punta de tu rosada y exquisita lengua; mejor así, pues no es fiable mi fiebre de besarte y arrimándome, en un extraño ademán, me inclinaría para libar tu húmedo calor lingual…. Los dulces fresones que adornan las uñas de tus dedos son raíces encarnada y peregrinas de pulsos y huesecillos y de voluntariosos caminos por la montaña, la plaza y las calles de la parte antigua. Un pistilo de flor en cada dedillo y un estambre en forma de poema y con rimas de polen, caen como diferentes superficies para conformar las sendas de tu vida. Así son estos suelos, bien de cortezas áridas, pulidas y resbaladizas o bien de cuerpos enternecido por raíces profundas, húmedas de alegría y labradas con alma de cortesía.
El sereno de tu dormitorio acaricia la piel de tu mejilla y noctámbulas luciérnagas se posan sobre tus pómulos, en tu frente y en tus cerrados párpados y tus sellados labios. Aún no sé qué se ocultas en tus sueños, no sé por qué reservas la suavidad de tus manos y por qué tu aliento continúa desierto y reseca las lágrimas de mis párpados y el fino tinte de mis yemas quemando toda mi sangre.
Mi razón tamiza el corazón y sostiene que te alejas, más mi loco corazón lo desmiente y no concibe voz sin amor; supongo que mi sensatez jamás comprenderá a mi corazón. Aun así, miro hacia fuera y, aunque haya expresados miles de aspavientos en mis poemas, no sé si obro bien, si cincelo con sensatez mi delicado corazón sincero….
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario