Savia para tu Corazón


¡Qué!... Que se terminan los días de ocio y, quizás, aún resta algo de laxitud en tus piernas, de astenia lumbar y de pereza personal, que te pitan los tímpanos y tus los labios aún no se han saciado con el sinnúmero oportuno de cervecitas.

Pues al unísono, como el infinito conexionar de pilas DURACELL, me he de aventurar a un deleite más que perfecto… ¡Venga, venga!, todos los solistas del camino de la montaña de Cáceres, que trinen por mi Amor, e incluso aquellos pajarillos de Valle Helado y del lago de Zúrich, que acompañen en un único canto para serenar la ansiedad de tus suaves Oídos, de tus acaramelados Ojos y de tu alba Sien. ¡Vamos, vamos! Todos los jazmines de los jardines y todos los aromas de los cantuesos, los romeros, las manzanillas y las hierbabuenas de los Llanos de Cáceres, que se maceren en el Odre del Dios de los vientos y que sahúmen con nubes blancas la sedosa piel de mi Maravillosa Mujer. ¡Ahora, ahora mismo!, que todas las aguas cristalinas de los hielos de los Alpes, que todos aquellos relentes de las auroras de sus valles y que todas las salivas que puedan dispensar los pétalos de este lirio, humildemente tuyo, formen álveo de un exclusivo hontanar para libar los finos pies de mi Mari Ángeles.

Así, que la fértil e indefensa Tierra y su esclavo Sol y la desterrada Luna se sienten juntos y te articulen, de nuevo, una vida desconocida de ansiosa, apasionada y erótica existencia, de exquisitos bocados para sus labios, de arcoíris floral para sus ojos, de melódicos versos nacidos en gargantas de ángeles para su grata atención, de almizcle deshojado de inusual jardín del edén para enajenar el tierno latido de tu Corazón y de raso de la lana del mohair y el gusano de seda para adular con pétalo de rosa cada pequeño milímetro de tu tersa piel….

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