Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
Ya, ya, ya, ya
Hola, Amor, ya estoy aquí. He estado toda la mañana trajinando cosillas. Las ruedas del coche, la vacuna de Lunares y recoger cuatro menudencias más algún antojillo en el supermercado….
¿Cariño, dónde estás?, ¿Cuándo tomas el vuelo de vuelta?, ¿Necesitas mi mano? …, para que exprimas seguridad en el avión. Sabes que no hace falta que me la requieras, que siempre te estará tendida y más que deseosa de arropar tu alma.
Si hicieses una señal al viento, ésta pitará de inmediato en el interior de mi cuerpo y, en un tris, mi corazón silbará al cóndor de los Alpes y a horcajadas saltará sobre su acaramelado lomo, abrazará su cerviz y, sobrexcitado por ya no estar a tu lado, le suplicará al oído que le lleve, que la Alma de mi Amada se azora al suponer absurdos riesgos en el ascenso del ave de acero …. El cóndor alarmado por tu resquemor se plantará en un santiamén al lado de tu ventana y, si me aceptas, ¡tras!, me colocaré a tu lado y tenderé mi mano para que renueves tu juicio de volar y te aventures en aletear sola entre las nubes de la infancia….
Crees que este ánimo, de ardor interior, se llenará con una luz de inmenso amor al prenderse mi corazón por Una Sola Estrella, al recibir tus fotografías y al leer, en una mínima frase, una tierna palabra Tuya, un --¡Te Amo!-- que te lances a escribir muy bajito.
No pierdo la esperanza de ordenar mis letras, de enseñar al papel vacío como canta un ruiseñor. Todo esto es por una puntita de tinta, Mari Ángeles, desde aquella noche de quietud en la que disfrutabas de una película. Yo saqué música de mi interior y te la confié en una primera carta, las dudas te llevaban hacia la ventana y mis toques de piano te hacían regresar por curiosidad… Siento, Cariño, que ya es una eternidad y que no puedo contener la euforia de mi corazón. Tan sólo se puede paralizar momentáneamente, es con la ilusión de un Beso tuyo, Mari Ángeles.
No puedo representar en mi mente esa tempestad a Mar abierta, supongo que, cuando me rocen tus labios, una ola libre y de cresta insuperable apagará las estrellas desusadas de mis viejos versos y, entretanto se desplaza, se coloreará una óptica distinta, una refracción de luz atrapada en el prisma de tu fantástico Corazón. Tú, Mari Ángeles, disiparás mis nubes y el resplandor de tu felicidad conformará particular universo de estrellas.
Una botella de cristal en el ponto de tu paladar, mantenerme a flote entre las aguas de tu boca. Así, mi corazón, es misiva infinita de amor que naufraga por el helénico mar de tu cuerpo. Un hormigueo se recrea por mi piel y siento alivio al pensar que tú, Cariño, me vas a querer….
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