Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
Ya estoy de vuelta
Buenas noches mi Vida.
Ya estoy de vuelta, acabo de entrar, he me echado un poquito de café y me he entregado a caminar contigo… Hoy subiré la cuesta de la Virgen de la Montaña, hablando un poco de todo y esperando a que esa cortina de la tarde enternezca la sierra de San Pedro. Te diría, Mari Ángeles, que quizás palpes mis palabras como muy pomposas, mas yo, Amor, no las percibo así sino todo lo contrario, yo las siento como inevitables… pues si subiese por ese camino hasta la montaña y no hubiese conversado algo entrañable sentiría como si el tiempo corriese en balde.
Así, mi Niña, andaría cobijado en tu sombra y, si tú tuvieses calor, caminaría haciendo de parasol. En esa travesía de la vida te hablaría de todo, absolutamente de todo y nunca de nada; así de fácil lo pronuncio. Si hablase de fútbol, de tu Real Madrid, quizás alabase a algún jugador de los cuales desconozco sus nombres, pero más me centraría en chutar palabra de cuanto logran esos niños con una pelota, de cuán grande es la emoción que sienten sus incontables seguidores, los forofos y los fans al arrimarse sus jugadores al centrar en portería contraria.... Hablaría de esa alucinante felicidad que libera un niño al firmarle un balón su favorito jugador, alegría en forma de lágrimas…. Para mí, Cariño, eso es el fútbol…; la emoción que suscita en ti, Cariño, y en los demás.
Y porqué no hablando durante horas de los interminables quehaceres que tenemos que compartir y así, si quisieses cambiar mi casa tendrías una sumisa opinión, pues tú, Mari Ángeles, haciendas toda mi decisión, mas más comedido sería al arbitrar tu hogar; aunque si cargaría a diario con interminables bolsas de Papa Noel para ti, Mujer. Aspiro a adornar íntegramente tu Vida, las paredes de tu vasto corazón.
Si te lanzases a hacer una obra, yo sería el albañil de tus antojos e incluso me postraría como paleta de pintor, para que en mi piel probases los colores que deseas sacar para el salón de nuestra vida. Así un violáceo fino o un azulado blanco, un níveo marfil o un transparente para que la gente pudiese gozar de nuestro bienestar…; y tan sólo dejaría limpio mis ojos para disfrutar de tal como eres y para experimentar ese dulce dolor con el que me clavas tus pupilas, y mis labios para regocijarme en la libertad de la mar que anega tu boca… cuando me aceptaras a navegar en la locura de tu paladar.
Quizás, después de salir del supermercado y elegir unas hierbas aromáticas, unas setas, unos tomates y unos pimientos más que rojos y cualquier carne, que no sea de ternera, o pescado y escoger unas suculentas piezas de manzana o melocotón, de naranjas o melón, de racimos de uvas esmeraldas con irradiantes jugos de limón y unas cerezas para tildar nuestra mesa; me adentraría en tu vocación culinaria y con sombrero y cuchara de chef, ausentaría del perol el más sabroso hervor, para después de entibiarlo con mis soplidos, resbalarlo por la indefinible marisma que vaga por tu boca, sí, por esa juguetona y aguda sensualidad que lame el cielo de tu palar…, tu Leeeengua.
Si tuviésemos que salir en una noche primaveral elegiría mi gabardina negra, de titto bluni, y mi traje azul marino, de Emidio Tucci; los zapatos bien limpios, acristalados, y el perfume, ese que tú me regalarás, ese olor que eligió tu corazón para mí y así, cogido con pinzas y hecho un figurín aguardaría a que salieses del vestidor. … Mari Ángeles, elogiar la poesía de tu vestir, la música de tus zapatos, el temblor de la campana de tu pantalón negro y la dulce vibración de tu blusa al caer dócilmente sobre tu pecho… Antes de cubriré con tu abrigo, te apretaría contra mi pecho y, como una enervación, me aflojaría siendo abrigo que da todo el calor de su vida al cuerpo de la Mujer que me ama.
Cuánto te echo de menos…. Deléitate, mi Amor, hasta con el recóndito rincón de Suiza… Divieeeertete Cariño
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