Chispas con barquillos de papel



Ya estoy aquí, con los labios en las palabras y bebiendo de tus manos. Voy a abrir un poco la ventana y echaré al viento este particular sentimiento y, si éste ha de vadear lluvia en Chamonix o en Ginebra, que se sumerja en una cristalina chispa de llovizna para logra acariciar con sensible voz tu fina mejilla.

Sería mágico, Mari Ángeles… imaginas que cada chispa de lluvia te entregase un barquito de papel. Un velero cuajado de palabras de amor, tan lleno de pasión que en sus bodegas no cogiese más clamor. Sí, sus despensas repletas de veloces corceles con alas y que, a diario, te entregasen mi alma escrita. Toneles rebosantes de ruiseñores, jilgueros y colibríes que entrecruzaran sus acrobacias y trinan en un solo piar para anidar en un hueco de tu pecho.

Un velero ligero que fuese capaz de emprender travesía con el soplo de mis suspiros y que, cada vez que hinchase sus aparejos, estos latiesen blancos y con un singular grabado, el encarnado pistilo de mi Flor.

¡Oh!, mi Niña, si estos dedos fuesen de juguete quizá en mi pecho morasen tus reyes mago, pues tanto cariño detento que te he dedicar incienso en mis versos, mirra en cada rima y el oro de mi amor con absoluto decoro; sé, que este delirio corresponde a un latido de Niño, a su párvulo sentimiento…, es inagotable sucesión de hablas sinceras… un cariño tan limpio que siempre comienza con una hoja en blanco y, con toda la delicadeza de la caligrafía mi corazón, siempre concluye en un imperceptible beso….

Así, Amada mía, si el horizonte te alabease un arcoíris, bien entendido tienes que el Sol junto con las cortinas del cielo, pretenden preparar una puerta soberbia y de indescriptible belleza para enamorar el vasto Corazón de mi Vida, pero debes comprender que la vocación de mi corazón no es de tarde en tarde, como ese presuntuoso cielo te concede escasa lluvia, ni es para todos el mundo, como el halago del solemne Sol que piropea con todos a la vez, sino la vocación de mi corazón es la obediencia y ciertamente el servirte en cada segundo de mi exigua vida… y así, a todas horas sólo pienso en ti.

Yo, Amada mía, con vivas palabras teñiré todo mi papel con añil de cielo y, con vigor de poeta, delinearé millares de arcoíris con mágicas letras; y así, Mari Ángeles, como una gata inquieta, podrás devanar esta madeja de imposible color y atraparlo con tus uñitas y agazaparlo en el cautiverio donde yo deseo vivir… en tu pecho de admirable Mujer.



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