Desaforadamente loco



Sí, desaforadamente loco
vuelo desde aquí a allá.
Soy torbellino, un siroco
cálido que no se detendrá
hasta que vos, mi Amada,
sesteéis magnífico cuerpo
sobre la cuna de este cuenco
de mullido vellón y sin hoscos
gañanes que dañen tu sueño.


Sí, con desmedida ternura
os posaré dos sedosas alas
a los pies de tan alba cama.
Un ánfora fresca que relama
tus sutiles pies, la sincera gala
con la que levites entre alturas
y, adormilada, elijas diorama
de desvelarte a la cordura
o regresar a las caricaturas
de etéreo carnaval de ilusión.


Con legibles manos he de alegrar
la nívea sábana que alhaja tu lecho,
extenderé virutas de azúcar cande,
la derramaré desde mi servil sangre,
y no ansío enmelar tu lindo pecho,
pues de amor es más que grande,
sino me obceco en singular manjar,
sorber todo tu bálsamo de Ilusión.
Sí, atesorar el blanco azúcar cande
que ha embebido tu riquísimo don,
desecar tan profusa Transpiración
y tomar infusión de tu salada Vida.
Saciar mi cielo palatino con hambre
y avidez por la adictiva Sudoración
de un audaz y entrañable Corazón.


Entrevelas sigilo de exquisita Semilla,
en la magnífica e íntima identidad
del abismo, la radiación de tu Pupila.
La franqueza de mi Niña me ciega,
su ademán de despabilar me deshila
en tiernos gestos y su Oreo bienoliente,
al dadivar en fina Voz un ¡buen día!,
me desarticula en lunáticos delirios
de idolatrar, de desanidar este lirio
del claro torrente que me anega
y llevártelo sobre balsa de agua
a la cama. Con lágrimas de vidrio
verde para aceitar el pan de nata
y brizna ambarina de miel, ribeteo
que cuaja de millares de gineceos.
Una floresta de retama, un recreo
inherente a la colmena de abejas
que liban la deseable miel del liceo
del amor, de ramos para la Edila
de mi destino, la Regidora de mi vida.




Aquí, entre miguitas de libra tierna
fermenta levadura de Rosa pasión.
Desanudo talega párvula que hacina
en romana versos con una inclinación
clara y libre, resbala sobre patena
lustrada, enrasa un plato de harina
con burujos de amor y se entremezcla
con lágrimas límpidas y clandestinas.
Con un huso de madera se remodela
ilusión panadera en tabla de razón,
así hiño e hiño pella de harina suelta;
blando migajón de bienquerer febril
entre las doradas jardinera de abril.
Tras los nítidos vanos de esta cocina
se hace hogaza de tierno corazón.
Un arrebozo en paños de azucenas,
la levadura y la harina me rellenan
de deseos la transparente vitrina
del pecho… crecen tus besos, mi Vida.



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