Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
El placer de acariciar tu Piel
Al fin me puse una ropa más cómoda, mis zapatillas de andar por casa y mis pantalones cortos…, y por fin heme aquí, Contigo, dedicándome a tus cosas, tanto a lo que piensas como a lo que sientes y, Cariño, no me advierto solo, aunque si he de decir que sufro un poquito. Mas no me importa, pues el amor tuyo es dulce sufrimiento, un apacible trastorno celular que, como un perfume, somete a mi corazón a que sin extenuación bombee sangre rebelde y, como si fuese una nota de agua musical que no puede frenar el tiempo, cae en torrente a través de las yemas de mis dedos.
Me aquejo por ti, mi radiante Mujer, y por tu tierno cuerpo se inquieta este corazón, ahora y siempre tuyo, por libar una parte de tu piel, una pizca de tus párpados o una fracción de tus labios. Así, es este estar, el meditar de mi corazón, es un fondo de silencio que se encierra en inabarcable cosmos, en la forma de Ser de mi preciosa Mujer.
¡¡¡¡Ooooh!!!! Si pudiese apoyar mis rodillas al lado de tu silla e inclinar mi cabeza sobre tus piernas. En principio el calor cegaría mi preocupación y, al poco tiempo, refrenaría mi timidez y nacería una sincera palabra… -que lindo rincón del hogar, que suave piel, un soplo y disemino tu aromática nube de mujer-, … -eres, Amada mía, la única galería de mi vida y ahora y a la expiración, tan sólo he de soñar contigo, eternamente contigo-… así, eres Vida mía, una musicalidad de rama de hojas aciculares, una armonía de panoja seca y yerbas en flor y un ronronear de intranquila gatita que necesita de mismos…. Sí, así, apoyado en tus piernas, propagar la onda de un apasionado beso, un beso que recorriese tu piel y, como el hormigueo de un eco, repercutiera por todos los recovecos de tu insondable entraña….
Así, Amada mía, sólo me conformo con poseer uno de mis brazos, su mano y sus dedos para acariciar tu mejilla; y me basta con uno de mis ojos para sentir como me cala tu mirada; y la lengua y los labios…; y ya sabes mi amor, ya puedes suponer que aroma pretendo atesorar, que flor anhelo a acariciar y de que boca deseo siempre beber… así advierto el amor, lo noto natural y, orientado por su claridad siento el placer de acariciar tu piel…
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