Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
Hilvanes de letras
Ya he retirado la mesa, los platos de la cena, y ahora voy a ver si bajo una hoja para depositarla en la profunda bondad del abismo de tus ojos, una hojilla sin púas, de esas que brotan en las copas de las encinas. Toco parcialmente el teclado y, en la perennidad verde de esa lámina, te enhebro mis más profundas dicciones en forma de elocuentes hilos de seda.
El viento bate virulentamente los hilvanes de estas letras, se balancean en delicados sentimientos, en perfiles de palabras bien trazadas y así, quedan esculpidas en esas hojas perennes, en los cuadernos que deseo que perduren verdes y bien custodiados en ese rincón que late a ritmo alegre en tu pecho.
He de perseverar en este placer de escribir, he lograr bellísimos dibujos con las letras y así, con la flexibles brisa de unos versos lograr un ambiente acogedor, tanto a distancia corta como al trecho de toda una vida mortal.
Bueno, ahora me gustaría saltar como Pau Gasol y taponar la canasta de Luna menguante de esta modesta noche, que se colme el firmamento de claros luceros y que rielen como chispas en la mar profunda de tus ambarinos ojos….
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