Mi Edelweiss, sólo con tu lactescente hermosura invalidas la vasta lírica de este humilde corazón. Tu savia omnisciente y la dulce miel de tu inmarcesible estigma, obnubilan los cristalinos versos de mis ojos. Un hontanar poético que únicamente puede surgir de las níveas virtudes de mí Montaña, rabiones inestimables que se avienen a embalsar en mi insondable pecho.
Encontrar una reescritura que a diario recabe una imagen bonita y mágica
Encontraré una reescritura que a diario recabe una imagen bonita y mágica, que sea habitual. En este singular día en el que el cielo se colorea de intenso azul, de un intacto tono añil que al fin suaviza el clima estival, he hallado una alma seráfica y diáfana que sobrevuela los aires que vislumbro tras las ventanas de mi hogar. Mientras el ligero velo de un vaho helado recubre la derretida bóveda del verano, la satisfacción de confiarme a una linda Amapola es más que evidente.
Tal vez el sueño de volar a través de una entraña de dicha, de ser un ruiseñor libre en la jaula de un amor único, sea por fin ese jardín que ya contemplo. Ahora, en el umbral del frío otoñal que se avecina, no me hace falta entreabrir nuevos postigos para que entre el claror del afecto, ni siquiera me urge abrir la puertecilla de ese jaulón de ensueño, pues ya me advierto fugitivo en el vasta rosaleda de una gran Mujer.
Apilaré las párvulas hojas de este amanecido sentimiento y las prenderé en la apacible morada que he de atemperar. Sí, este papel de ritmo cardiaco se desadormece junto a la acogedora chimenea de un pecho de Mujer. Oigo el apacible compás de su respiración, el resuello de su sereno sueño, de ti mima cuando duermes. Es el manso vendaval de un amor que ya no coge en el inquieto corazón que día tras día te pretendo traspasar….
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