Aunque se mengüe esta juventud



Aunque se mengüe esta juventud, 

aún mantengo mi espíritu torvo 

para seguir mi senda a la altitud. 

Así, montaraz, sin ser un estorbo 

apilo estas yemas de dulce actitud 

que aún dan nata para unos sorbos. 


Una senda de cazadores sin balas, 

de canana sin posta, sólo el recado 

en un poema es mi nerviosa arma 

para desbordar tan vidriosa alma 

de una moza que me ha enamorado.


Valle de glaciar deshiela su espera, 

escancia copos a dolor de espuela 

apura la última gota y desespera 

por eneldo de la voz de su escuela. 

Es por grata mujer que con cautela 

escarba si en estos versos hay estelas 

de un hombre social que sólo despeña 

rimas por beso del alma que revuelan 

en la alameda de sus latidos, la huella 

de que un cierto día ella amaneciera 

andando entre la brisa de esa vereda 

que me lleva con su alma Compostela. 

…de camino a Santiago, compañera…

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