Amapola




· [Serrán]
Sólo existe una flor

de encarnado color,

con sublime interior

y mágico resplandor.

Al entonar cuarteto, la miré y sus ojos, al sentirse observados
reverberaron como un espejo acuso.

Versos para ti, Sola,

de mano temblorosa

que hiende preciosas

yemas. Así, silenciosa

saca teñidas areolas

con sangre cariñosa,

para hilvanar la loca

lírica; mi pasión roja

en papel que entola

una floresta celosa

para mi Amapola.

Se lo cantaba justo desde umbral de las lágrimas.
Temblorosas yemas y trémulos ojos.
A la vez que sentía su mano derecha
alrededor de mi cintura.

Una corola nerviosa,

guardería que deshoja

su lisura entre lisonjas

sencillas de fina prosa.

Rima tras rima y verso tras verso,
mi sentir brotaba desde
lo más hondo de mi pecho.
Titubeaba las palabras,
pues la saliva trascendía junto
 con los latidos del corazón.

Maestra, sabes que amo

tu risueña forma se ser,

y no con común querer

sino con un bien sano,

que me exalta ufano

por admirable Mujer.

Sin poderlo remediar,
mis ojos devanaron vidriosos
hilos con el icor de mi corazón.
Débiles sedales de amor,
que disipaban al resbalar por mis mejillas.

No, no busco un ramo,

sino ese par de manos

para atestarlas a besos.

· [Petri]
Déjalo, por favor, aquí, en el colegio no puedo abrirme
a tu poema, no puedo revelarte mi amor, -dijo lagrimeando-

· [Serrán]
Juro, que mis ufanos

dedos teñirán vidriosas

hilas, hasta saltear el Sol

en tu pelo y en tu sedosa

piel, hasta libar carmesíes

labios y cubrir el llano

páramo de tu venero

de vida; ese umbral

que un poeta reescribe

hasta que se agosta libre

por libidinosos deseos.

Pletórico de icor y de álveos que resbalaban
de mis trémulos ojos, hundí mi mirada
en su ebúrneo ajimez.
Dos ventanos atenuados por
humildes párpados y una naricilla
clara, como el maíz, y fruncida por la conmoción
que afloraba de sus propias entrañas.



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