Albor ¡Cuánto te quiero!

 





Son pasajeros, o efímeros,

los prístinos rayos del día.

Aun así, la cálida alegría

con la que nos despabila

centímetro a centímetro,

es un innegables lucífero

al alba, pura adrenalina

para el corazón, poesía

del vientre virgíneo

de nuestra madre Tierra.



Así, rodeada de flores

de agradables olores

y con unos honores,

no menos encantadores,

de caricias superiores

que culminan en versos

de cálidos labios; besos

de amor, que el dinero

burdo no posee valía

para pagar. Mi María,

mi Montaña dulcinea,

no te haces una idea

de cuánto, Amor, …,

 … cuánto te quiero.


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