Agazapé mi mirada





Agazapé mi mirada, 

encerré mi sentir 

y acallé mi pluma. 



Ya, que me importaba 

vivir, ni siquiera abrí 

la ventana, tan sólo la bruma 

pegajosa de la madrugada. 



Ella, mi Amapola de abril, 

enjauló mi vuelapluma. 



Regresó el cierzo otoñal, 

volvió sin nombre alguno, 

ni un vestigio en los ecos 

de los yertos barruecos. 



Al final, mi sangre paraxismal 

se deshilacho en secos flecos; 

… adiós maldito e inoportuno. 



Ya, para que respiraba, 

sólo por el hecho de vivir, … 

Si sus dulces besos no me perfuman 

y se asola y herrumbra el corral 

de mi pecho; …, para qué seguir. 



Por qué, porque mis versos 

no anidan en regazo alguno….

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