Al entreoír la agradable voz y percibir la arrebatadora ventisca de esencias la miré emanando júbilo; excepto por los delgados cursos de lágrimas que caían por mis mejillas, En ese momento me sentí como un artista de la farándula, haciendo malabares con la esperanza de que ella entresacara toda la miel de mi corazón, barruntando el hormigueo funambulista que me suscitaba el afilado pitido de su voz al penetrar por mis oídos o adivinando los volatineros bálsamos de menta y caramelo que disipaba el cabello de la perfumista y recalaban por los poros de mi cuerpo.

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