Adonde se guarece el alma
del domo, tal vez en la calma
modesta de ese fino arroyo.
Adonde se enjuagan esos ojos
que te descubren vergonzosos
sentimientos sobre mi palma
delicada, ... ¿sólo es una foto?.
Cae como una lágrima, y sólo
las comparo con ese frío
delta, que entra en el vacío
desierto de tu revuelta mar.
Cruza esa canal de legañas,
sin velas ni timón, un navío
bucanero que ha de amar
a esos retoños que nadan
en iridiscentes estampas,
a través de tus pestañas.
Una cámara cada mañana,
la frágil nitidez de tu mirada,
que sin los sueños de un hijo
rechina con los latidos rotos.
Mi anciano corazón, que asilo
grande tras este hendido
esternón; aquí, en este abierto
teatro que he descubierto
tantas veces en mis fotos.
Miserable dolor y, sin embargo,
hermoso sentimiento del dardo
díscolo que siempre te disparo.
Violácea rosa que del letargo
sale a merced de un grabado
sencillo, es el embrión del verso
que, como una flor, se abre
de forma inesperada, es el beso
de una estampa que arde
como un poema en mi pecho….

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