Mandarina




Ya si canta la golondrina, así que me tengo que poner en marcha y no sé por dónde empezar o, mejor dicho, en estos días que corren quizás ni siquiera me dejen empezar.

Tengo que ir al trabajo, para coger la impresora y la cámara del ordenador, también he de traer tres bombonas de butano y después a recluirme delante del ordenador, con un montón de documentación.

Pienso, qué ya que es primavera y podríamos cabalgar por la pradera. Pero qué remedio, tendrá que ser a través de las fotografías. Entonces, me pregunto, de que me valen los descomunales bolos de los Barruecos, …. Claro que sí me sirven, pues sólo necesito el delicado flautín de una alondra para pasear contigo.

Así, en el envés de las rocas y descansando sobre el esponjoso musgo, podremos entresalivar la misma mandarina…, o quizás, si tu piel se constriñe del frío y logramos arrinconar el pudor, nos tumbaríamos a la cara del Sol, sobre una cálida lancha. Donde regocijarme con una sola Flor, esa descuella sobre los demás capullos que se abren nimios en primavera. La más hermosa Yema, la única que se distingue en entre los millares que cuajan el campo…. Manoli, aunque fuese una vulgar abejilla, así de sencilla y nada aerodinámica, me embelesaría libado hasta la última ápice de miel de tus poros…; una sola abeja par tantísima dulzura….

Bueno,… me pongo a trabajar que me aturullo, como un gusano, tras su capullo de seda.

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