Feliz Navidad y Próspero 2.020






En él recala el orvallo, 
que humedece la tierra, 
y el halago de la brisa, 
que demuda la espesura 
pardusca y bienoliente 
de los vastos nogales 
y sisea partituras 
en las alta coronas. 



Le embelesa el rocío 
que lentece las piedras 
con afelpadas togas 
de verdosos mugos, 
que enjoya collares 
en débiles telarañas 
y encera las hojas 
y las corolas rojas 
de silvestres rosales. 



Le desgarra el relente 
y curte su aterida piel. 
Es escarcha lactescente 
que enjalbega la dehesa 
y arrice los risueños 
vaivenes del arroyuelo. 



Los infatigables pies 
del humilde pastor 
y las revoltosas cabriolas 
de inquietos corderos, 
endurecen la piel 
de verdes praderas. 
Pastizales encallecidos 
y eras con semblante 
desértico que se irrigan 
con sudor de esfuerzo. 



Un zagal que esquila 
guedejas de alba lana, 
para vestir su cuerpo 
y abrigar los recuerdos 
que llenan su alama. 



Afuera, santo rostro, 
empecinado e infiel 
del puro egoísmo. 
Tras una criatura 
que nació pobre, 
que pidió limosna 
para los mendigos 
y que, siendo rey, 
murió por una ley 
de impostora fe, 
de oscurantismo 
e incultura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario